El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, afirmó este sábado que su país constató que Rusia transmite a Irán observaciones satelitales de Medio Oriente para que Teherán pueda lanzar ataques en la región. La denuncia, publicada en su cuenta de X, tiene implicaciones que van bastante más allá del frente ucraniano.
«Desde principios de julio, hemos registrado una vigilancia activa por satélite rusa de los Estados del Golfo Pérsico y de las instalaciones militares estadounidenses situadas allí. Estas imágenes aparecen posteriormente en Irán», escribió Zelensky. El mandatario precisó que «existe una clara correlación entre las imágenes satelitales rusas de estos emplazamientos y los ataques iraníes, tanto antes de los ataques, durante su preparación, como después, para evaluar los daños causados».
Los datos geográficos son concretos. Según Zelensky, el 19 y 20 de julio cuatro bases aéreas quedaron dentro del área de interés de los satélites rusos: dos en Bahréin, una en Jordania y una en Kuwait. Todas albergan presencia militar estadounidense. El presidente ucraniano anunció que instruirá a sus servicios de inteligencia para compartir esa información con los socios de Kiev.
En paralelo, Zelensky informó que Moscú «quiere recibir otros 30.000 soldados de Corea del Norte» y que Pyongyang se prepara para transferir lanzadores de misiles balísticos adicionales a Rusia. El mandatario recordó que un primer despliegue de tropas norcoreanas ocurrió en 2024, cuando combatieron en la región rusa de Kursk tras una incursión ucraniana. «Rusia está ayudando a Corea del Norte a aprender a librar la guerra, a mejorar su armamento y a adquirir experiencia real en combate», advirtió, señalando que esto representa «una amenaza para cualquiera en Asia que se encuentre al alcance de los misiles norcoreanos».
En el mismo comunicado, Zelensky informó que fuerzas ucranianas alcanzaron en el mar Caspio «buques utilizados para transportar material de guerra a Irán, así como un buque de guerra». El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní confirmó que uno de los barcos atacados era suyo, aunque lo describió como un buque comercial, y calificó el bombardeo —que según Teherán dejó un muerto y un herido— como una «agresión» y una violación a la Carta de la ONU. Ucrania ha intensificado el uso de drones de largo alcance contra infraestructura logística y energética rusa, incluido el Caspio, con el objetivo declarado de reducir los ingresos petroleros que financian la invasión.
Los ataques en el Caspio se produjeron mientras Kiev observaba un día de luto tras un ataque con misiles balísticos rusos que mató al menos a diez personas y dejó casi cien heridos en una exposición de tecnología de drones cerca de la capital el 24 de julio.
Conviene mirar los incentivos. Lo que Zelensky describe no es una guerra bilateral entre Kiev y Moscú, sino un eje operativo que conecta Rusia, Irán y Corea del Norte en tres teatros distintos: Europa del Este, el Golfo Pérsico y el noreste asiático. Si la inteligencia ucraniana es verificable —y Zelensky prometió compartirla con los aliados—, las bases militares estadounidenses en el Golfo habrían sido blanco de una cadena de vigilancia que empieza en órbita rusa y termina en un lanzador iraní. El dato importa más que el ruido diplomático: la arquitectura de seguridad que Washington construyó en el Golfo enfrenta ahora un adversario con ojos en el espacio que no son los suyos. La respuesta de Marco Rubio y de la política exterior estadounidense ante esta triangulación será la variable a seguir en las próximas semanas.

