Pakistán pidió este viernes a los hutíes que detengan «inmediatamente» sus ataques contra Arabia Saudí y reiteró su «firme» apoyo a Riad, en un gesto que vuelve a alinear a Islamabad con la arquitectura de defensa impulsada por los saudíes en la región.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, dijo en redes sociales que «la milicia hutí debe cesar de inmediato estos ataques» y añadió: «Permaneceremos junto a Arabia Saudí frente a estas amenazas». También afirmó que varios de los ataques alcanzaron aeropuertos en Riad y Abha, con víctimas mortales y heridos.
Sharif aplaudió además la labor de las Fuerzas Armadas saudíes y de la coalición internacional encabezada por Riad, que respalda a las autoridades reconocidas internacionalmente en Yemen. Al mismo tiempo, trasladó su «solidaridad inquebrantable» a las autoridades y la población saudí.
En su mensaje, el primer ministro vinculó ese respaldo con el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca. Dijo que, «en consonancia» con ese marco y con las decisiones recientes de su Comité Estratégico de Política y Defensa, el compromiso de Pakistán con «la soberanía, la integridad territorial y la seguridad del Reino es firme».
Los firmantes del acuerdo pactaron el 5 de octubre el despliegue de fuerzas militares y capacidades en territorio de Arabia Saudí, tras una reunión de emergencia en Riad para abordar el conflicto con los hutíes y los ataques de los rebeldes, intensificados durante las últimas semanas.
En paralelo, las tropas de las autoridades reconocidas internacionalmente anunciaron el domingo una ofensiva a gran escala para recuperar territorios capturados por los hutíes y avanzar incluso hacia Saná, capital que está en manos de los rebeldes desde 2014. Estas operaciones cuentan con el respaldo de la coalición internacional liderada por Riad.
Los hutíes lanzaron el 3 de septiembre una ofensiva en zonas de Taiz y Hodeida y lograron avances territoriales, incluida la toma de Moca y los alrededores del estrecho de Bab el Mandeb. Las autoridades reconocidas internacionalmente dijeron el lunes que recuperaron el control de esas últimas áreas.
La lectura política es clara. Islamabad no se limita a una condena diplomática: se coloca del lado de quien aporta la fuerza de disuasión y la estructura de seguridad. Conviene mirar los incentivos. Cuando los ataques golpean aeropuertos y elevan el costo regional de la inestabilidad, los gobiernos estrechan alianzas y refuerzan la protección del orden existente.
Para Arabia Saudí, el respaldo de Pakistán suma legitimidad y previsibilidad a una respuesta ya respaldada por una coalición internacional. Para los hutíes, en cambio, el mensaje es que la presión no será solo militar, sino también diplomática. En una coyuntura de guerra prolongada, las señales de cohesión pesan tanto como los movimientos sobre el terreno.
