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Zelensky busca más presión sobre China para forzar a Rusia a negociar

El presidente ucraniano pidió a Trump que presione a Xi Jinping para usar la influencia de Pekín sobre Moscú. Kiev también apura sanciones, más defensa antiaérea y financiación externa para sostener una guerra que ya desordena alimentos, armas y cuentas públicas.
Imagen generada con IA
Internacionalsábado 26 de septiembre de 2026

Volodymyr Zelensky pidió a Donald Trump que presione al líder de China para que use su influencia sobre Moscú en un esfuerzo diplomático orientado a que Rusia ponga fin a la invasión de Ucrania, que dura ya cuatro años y medio. El mandatario ucraniano dijo que aún no ha recibido respuesta de la Casa Blanca sobre las conversaciones entre Trump y Xi Jinping, aunque espera conocer el resultado.

Zelensky viajó esta semana a Estados Unidos por la Asamblea General de Naciones Unidas y se reunió con Trump el martes. Durante su visita, también habló con senadores y congresistas estadounidenses, a quienes agradeció el apoyo bipartidista que permitió aprobar el mes pasado un proyecto de ley de sanciones contra Moscú. Trump promulgó la ley la semana pasada, pero las medidas aún no se han aplicado.

Para Kiev, las sanciones son una herramienta central. «Las sanciones son realmente potentes (...) todo esto está ahora en manos del presidente de Estados Unidos», dijo Zelensky. Añadió que Trump le confirmó una decisión definitiva para que Ucrania obtenga licencias de producción de sistemas de defensa antiaérea Patriot, armamento que Kiev considera urgente para detener los misiles balísticos rusos.

Washington, por su parte, impulsa una reunión a tres bandas con delegaciones de Estados Unidos, Ucrania y Rusia, para tratar cuestiones técnicas sin la presencia de los líderes. Zelensky indicó que Ucrania espera una fecha de la Casa Blanca y que funcionarios estadounidenses sugirieron Emiratos Árabes Unidos como sede. Representantes de los tres países ya mantuvieron tres rondas de negociaciones trilaterales a principios de año, dos en Abu Dabi y una en Ginebra, sin avances significativos.

El frente diplomático no oculta el deterioro material de la guerra. Zelensky dijo que se reunió con los jefes del Fondo Monetario Internacional y de la Comisión Europea para discutir cómo cubrir el déficit presupuestario de Ucrania, afectado por los gastos de guerra y las caídas en la producción. La Unión Europea ampliará su ayuda financiera y el FMI continuará sus programas de apoyo, afirmó. Según el presidente ucraniano, la mayor parte del déficit está directamente relacionada con la compra de armas.

La economía también se mueve bajo presión comercial. Ucrania y Rusia son grandes proveedores mundiales de trigo, cebada, aceite de girasol y otros alimentos de los que dependen las naciones en desarrollo. Los ataques contra mercantes en el mar Negro han bloqueado esa ruta de suministro y avivado los temores de escasez. Zelensky dijo que habló por separado con los líderes de India, Turquía, Egipto y otros países de Medio Oriente, interesados en rutas de navegación sin obstáculos en el mar Negro. Kiev quiere que Moscú acepte un alto el fuego en esa zona para reanudar los envíos por completo.

Mientras tanto, los ataques siguen dejando víctimas. Las autoridades ucranianas reportaron cuatro fallecidos y 11 heridos en bombardeos nocturnos rusos, y dijeron que ocho regiones del país sufrieron ataques. En Kiev murió un adolescente de 14 años y al menos siete residentes resultaron heridos, según las autoridades. Rusia afirmó, por su parte, que una persona murió y 21 sufrieron lesiones en ataques ucranianos de largo alcance.

Conviene mirar los incentivos. Zelensky está intentando ampliar el costo político y económico de la guerra para Moscú, y al mismo tiempo asegurar más apoyo de Washington, Bruselas y el FMI. En esa ecuación, la presión sobre China no es un detalle diplomático: es un intento de mover una potencia comercial con influencia sobre Rusia.

La otra lectura es menos cómoda para los gobiernos que financian este conflicto. Cada nuevo compromiso de ayuda, cada licencia de producción y cada paquete de sanciones confirma que la guerra ya no se libra solo en el campo de batalla, sino también en los balances públicos y en las cadenas de suministro. El dato importa más que el ruido: cuando el Estado se convierte en el principal sostén de la resistencia, la factura termina repartiéndose entre contribuyentes, empresas y consumidores.

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