Mark Carney instó a los votantes de Alberta a rechazar el separatismo en el referéndum que se celebrará la próxima semana y pidió no confiarse pese a que las encuestas favorecen claramente la permanencia en Canadá.
Ante varios miles de personas en Calgary, el primer ministro dijo que «el mundo se ha vuelto más peligroso y está más dividido» y que hay actores fuera de las fronteras que trabajan para dividir a Canadá y poder apoderarse de él.
Carney no mencionó por su nombre a Donald Trump durante su discurso. Pero su mensaje se leyó como una respuesta directa a las recientes críticas del presidente de Estados Unidos, quien sugirió otra vez que Canadá debería incorporarse a territorio estadounidense.
Trump dijo el miércoles en Arizona que Canadá terminará siendo el estado número 51 «porque es la única manera de que esto funcione». También afirmó: «No los necesitamos, pero ellos sí nos necesitan».
Los ciudadanos de Alberta votarán el 19 de octubre sobre una pregunta relacionada con su futuro dentro de Canadá. Deberán decidir si quieren seguir siendo una provincia o iniciar un proceso que podría conducir eventualmente a la separación, sujeto a una segunda votación.
Un sondeo de Leger realizado a principios de octubre reveló que 70 por ciento de los encuestados desea que Alberta siga formando parte de Canadá. Carney, sin embargo, pidió acudir a las urnas y dijo: «Voten como si Canadá dependiera de ello, porque así es».
La provincia occidental produce la mayor parte del petróleo de Canadá: más de 4 millones de barriles diarios, la mayoría exportados a Estados Unidos. Esa dependencia ayuda a explicar por qué el primer ministro intenta bajar la temperatura política sin romper los incentivos económicos que sostienen a Alberta.
Carney ha flexibilizado las restricciones al desarrollo de proyectos de petróleo y gas y prometido respaldo financiero para un nuevo oleoducto, conocido como Pacific Link, con capacidad para transportar 1 millón de barriles diarios hasta la costa oeste, desde donde se exportarían a Asia.
Dijo que el proyecto «creará más de 140 mil empleos» y «reducirá nuestra dependencia de Estados Unidos». Los aplausos más intensos de la noche llegaron precisamente allí: donde la unidad nacional y el interés material coincidieron.
Conviene mirar los incentivos. Alberta no vota solo por identidad; vota también por empleo, energía y mercado. Carney entiende que la integración canadiense no se sostendrá únicamente con patriotismo, sino con resultados tangibles para una provincia que produce la mayor parte del crudo del país.
También queda a la vista el margen político de Ottawa. Si Canadá quiere evitar que el descontento regional se convierta en fractura institucional, tendrá que ofrecer más que exhortaciones: necesitará reglas, inversión y una relación menos subordinada a Washington. El dato importa más que el ruido.

