El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, aplaudió este jueves la ley aprobada por la Cámara de Representantes de Estados Unidos que allana el camino a más sanciones contra Rusia e Irán. Dijo que el proyecto es una «herramienta extremadamente poderosa» para detener «esta guerra terrorista».
Zelenski afirmó que la iniciativa, junto con otras medidas de sanciones adoptadas por los socios contra «el origen de esta guerra, Rusia», puede ser una herramienta capaz de llevar a Moscú a un punto en el que se vea obligada a buscar la paz. También sostuvo que las sanciones deben ser severas para que los esfuerzos diplomáticos conjuntos con Estados Unidos, Europa y otros aliados puedan prosperar.
El mandatario ucraniano insistió en que «Rusia debe poner fin a esta guerra» y recalcó que la votación tuvo lugar «en la noche de otro ataque ruso contra Ucrania con misiles balísticos y drones». Ese ataque dejó al menos 18 heridos en la capital, Kiev, según su recuento.
Zelenski denunció además que otra vez fue atacada infraestructura civil y que hay informaciones sobre daños en ocho provincias. Añadió que las fuerzas rusas golpearon infraestructura energética en las regiones de Sumi y Odesa, y que en Kiev y Odesa resultaron alcanzados edificios residenciales.
Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso reivindicó un nuevo «ataque masivo» contra Ucrania. Dijo que entre los objetivos figuraron «empresas de la industria metalúrgica y electrónica», además del «complejo militar-industrial» e «infraestructura de transporte y energía» en Kiev, Zaporiyia y Odesa.
La secuencia importa porque la guerra ya no se mide solo en el frente, sino en la capacidad de las democracias para sostener una estrategia de presión económica. Conviene mirar los incentivos: sanciones más duras buscan elevar el costo de la agresión, pero también prueban la voluntad política de Washington y de sus aliados para mantener el pulso.
Para el lector, el punto central no es la retórica de guerra, sino el papel de Estados Unidos como arquitecto de esa presión internacional. Cuando la Casa Blanca y el Congreso endurecen el cerco, el mensaje es que el orden internacional todavía depende de instituciones capaces de castigar a quien rompe las reglas. Si esa disciplina se mantiene o se diluye, el efecto rebota mucho más allá de Ucrania.


