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EE UU estudia aliviar sanciones a la flota fantasma para abaratar el flete petrolero

La Casa Blanca evalúa permitir, con licencias del Tesoro, que buques hoy sancionados transporten crudo y derivados no restringidos. La medida podría mejorar la logística, pero también revela cuánto depende el mercado de una red opaca de barcos viejos y mal mantenidos.
Imagen generada con IA
Estados Unidosviernes 16 de octubre de 2026

El gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evalúa flexibilizar las sanciones económicas vigentes sobre embarcaciones de la llamada flota fantasma vinculadas al transporte de hidrocarburos desde Venezuela, Rusia e Irán.

La propuesta busca contener el incremento de los costos del flete marítimo internacional. De acuerdo con reportes de Reuters, las conversaciones dentro de la administración estadounidense comenzaron tras la suspensión temporal de las medidas restrictivas aplicadas al diésel ruso, una decisión que generó cuestionamientos de autoridades ucranianas y legisladores del Congreso.

Entre las alternativas en discusión figura otorgar permisos para que buques hoy sujetos a medidas de bloqueo transporten cargas de petróleo y derivados que no estén sujetas a sanciones regulatorias directas. El mecanismo buscaría agilizar la distribución de productos refinados provenientes de la región del Golfo.

Chris Wright, secretario de Energía de Estados Unidos, abordó esta posibilidad durante una intervención en el Congreso Mundial del Petróleo celebrado en Riad. Según Wright, el alivio buscaría frenar el impacto en la demanda de crudo estadounidense derivado de los costos logísticos.

La información oficial detalla que las empresas que deseen utilizar esos buques deberán solicitar autorización al Departamento del Tesoro de Estados Unidos. El Departamento de Energía aseveró que una eventual autorización no facilitaría el comercio de hidrocarburos rusos.

La propia discusión pone de relieve un dilema conocido: cómo aliviar fricciones en el transporte sin desarmar por completo la arquitectura de sanciones. Conviene mirar los incentivos. Si el objetivo es bajar costos para cargas no restringidas, Washington necesita una herramienta que distinga entre castigo geopolítico y eficiencia comercial.

Pero también hay un límite material. Informes de Energy Aspects señalan que la efectividad inmediata de la medida podría verse limitada por las condiciones de conservación de las embarcaciones de la flota clandestina. La firma afirma que es «poco probable» que levantar las sanciones a esos buques cisterna, en su mayoría viejos y mal mantenidos, aumente «de la noche a la mañana» una capacidad significativa de la flota principal, especialmente porque la mayoría de los buques sancionados por sus vínculos con Rusia o Venezuela han estado operando activamente durante los últimos tres meses.

Para el mercado, el dato central es que el costo logístico sigue siendo una variable política. Para el aparato estatal estadounidense, el reto consiste en calibrar la presión sobre Caracas, Moscú y Teherán sin dañar la circulación de hidrocarburos que no están bajo restricción directa. Esa tensión es real y, como suele ocurrir, el riesgo es que la burocracia termine administrando escasez donde el comercio pedía flexibilidad.

La historia sugiere cautela. Un alivio selectivo puede mejorar la distribución y reducir el flete; también puede abrir nuevas zonas grises en un sistema de sanciones que ya depende de excepciones, permisos y supervisión. En un orden internacional cada vez más fragmentado, la eficacia no vendrá de los eslóganes, sino de reglas claras y de una aplicación que el mercado pueda entender.

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