El presidente ucraniano Volodimir Zelenski prevé que antes del otoño pueda retomarse un proceso negociador con Rusia con la intermediación de Estados Unidos. La declaración llegó en una rueda de prensa en Kiev junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, un día después de que Zelenski conversara con Jared Kushner y Steve Witkoff, enviados del presidente estadounidense Donald Trump, quienes tienen previsto visitar Moscú.
«Creo que entonces habrá una reunión trilateral (...) Debemos tener todo esto listo para el otoño. Creo que debemos trabajar intensamente en ello», declaró Zelenski. El mandatario precisó que, de depender exclusivamente de Ucrania, el encuentro se celebraría en julio: «Si dependiera de nosotros, sería en julio. Pero no todo depende de nosotros».
El calendario diplomático convive, sin embargo, con una escalada militar que Zelenski describió como sistemática. El presidente ucraniano advirtió que antes del otoño espera que el presidente ruso Vladimir Putin no solo intensifique los ataques, sino que además anuncie una nueva movilización masiva. «Se está preparando para expandir la guerra», señaló, según recoge la agencia Ukrinform. Zelenski subrayó que «no ha habido un solo día en el que el Ejército ruso no atacara a nuestros civiles», y calificó ese hecho como indicativo de la naturaleza del adversario y de lo que Ucrania defiende.
En paralelo al frente diplomático y militar, Zelenski agradeció a los países europeos el acuerdo para lanzar lo que describió como el 21 paquete de sanciones a Rusia. «Agradezco a todos los líderes y a todos los países de Europa este apoyo», afirmó, y añadió que Ucrania trabajará con socios fuera de la Unión Europea para que incorporen las nuevas sanciones a sus ordenamientos jurídicos. «La sincronización de las sanciones es de suma importancia», remarcó.
La secuencia —conversación con enviados estadounidenses, declaración pública de plazos y nuevo paquete de sanciones coordinado con Europa— dibuja una semana de intensa actividad diplomática ucraniana en varios frentes simultáneos.
Conviene mirar los incentivos. Para Kiev, fijar un horizonte público de negociación antes del otoño cumple una función doble: mantiene abierta la puerta a un acuerdo mediado por Washington y, al mismo tiempo, ancla la narrativa de que es Moscú quien dilata o bloquea cualquier avance. La advertencia sobre una nueva movilización rusa refuerza ese encuadre: si Putin escala, la responsabilidad del estancamiento recae sobre él ante los aliados occidentales.
El dato importa más que el ruido. La intermediación de Estados Unidos —no de ningún organismo multilateral ni de Bruselas— es la variable que estructura toda la arquitectura diplomática descrita por Zelenski. Eso otorga a Washington una palanca de presión sobre ambas partes que ninguna institución europea posee hoy. La historia sugiere cautela: los plazos en conflictos de esta naturaleza raramente se cumplen, y la brecha entre la fecha ideal de julio y el horizonte de otoño ya revela cuánta incertidumbre rodea un proceso que, por ahora, no ha comenzado formalmente.

