El presidente del Consejo Presidencial de Liderazgo del Yemen, Rashad al Alimi, respaldó este viernes la Alianza Multinacional de Defensa Marítima anunciada el jueves por Arabia Saudí. La declaración se produjo durante una reunión con asesores y líderes de partidos políticos en Saná, según la agencia oficial yemení Saba.
Al Alimi sostuvo que la coalición contribuirá a «mejorar la seguridad colectiva y salvaguardar» la navegación a través del mar Rojo, el golfo de Adén y el estrecho de Bab al Mandeb. Calificó la iniciativa como reflejo de «una creciente conciencia internacional de que la seguridad de las rutas marítimas es una responsabilidad compartida».
El detonante inmediato es preciso: el 20 de julio, los hutíes impusieron un bloqueo marítimo a Arabia Saudí en el mar Rojo. La maniobra golpea directamente la principal vía de exportación de petróleo del mayor productor de crudo de la OPEP, después de que la crisis en el estrecho de Ormuz ya había reconfigurado las rutas energéticas de la región.
Al Alimi acusó a los rebeldes de «seguir apostando por la escalada para obtener ventajas ilícitas» y afirmó que su toma de decisiones se había convertido en «rehén de agendas extranjeras que no guardan relación con los intereses del pueblo yemení». Añadió que la postura del Gobierno reconocido internacionalmente era «clara y firme en su rechazo al chantaje como medio para imponer un hecho consumado».
Desde el bando contrario, el líder hutí Abdelmalek al Huti advirtió el jueves que Arabia Saudí prepara una «escalada integral» contra el movimiento y prometió responder «de la misma forma» si el conflicto se intensifica.
Al Alimi también hizo un llamamiento a la unidad política interna e instó a los partidos yemeníes a respaldar al Ejecutivo legítimo para restaurar las instituciones estatales y aislar políticamente al movimiento hutí.
Lo que está en juego trasciende el conflicto yemení. Bab al Mandeb y el mar Rojo no son solo geografía: son la columna vertebral del comercio global entre Asia, Europa y los mercados energéticos. Cada tonelada de crudo saudí desviada o bloqueada se convierte en presión sobre los precios internacionales y en costos reales para consumidores y empresas en todos los continentes. El bloqueo hutí no es un acto de soberanía; es, como señala el propio Gobierno yemení reconocido, un instrumento de una agenda que no responde a intereses locales sino a Teherán.
Conviene mirar los incentivos. La creación de una coalición multinacional liderada por Riad representa exactamente el tipo de arquitectura de seguridad que los mercados necesitan para descontar estabilidad en las rutas energéticas. El respaldo del Gobierno yemení le otorga legitimidad política interna a la iniciativa. La pregunta que los próximos días deberán responder es cuántas capitales se suman con compromisos verificables y no solo con declaraciones de apoyo.

