El presidente del Consejo del Liderazgo Presidencial de Yemen, Rashad al Alimi, acusó este sábado a los rebeldes hutíes de sacrificar los intereses del pueblo yemení para servir a «la agenda del régimen iraní». La declaración llegó horas después de que la coalición liderada por Arabia Saudí anunciara lo que describió como una «respuesta militar proporcionada» contra objetivos militares hutíes en la ciudad portuaria de Hudeida, en el mar Rojo.
El detonante inmediato fue el ataque hutí al buque mercante NCC MASA en el mar Rojo. La coalición respondió con golpes sobre Hudeida; los hutíes, a su vez, advirtieron que esos ataques tendrán «graves consecuencias» y declararon que su operación forma parte de un bloqueo marítimo contra la navegación saudí, en represalia por lo que describen como un bloqueo saudí sobre las zonas bajo su control.
Al Alimi fue explícito en su comunicado: los hutíes y sus partidarios insisten «cada vez que surge una oportunidad para la desescalada» en «jugar con los intereses del pueblo yemení» y arrastrar al país a «crisis sucesivas». El presidente del gobierno internacionalmente reconocido prometió trabajar con la coalición y los socios internacionales para garantizar «una disuasión firme contra la amenaza», proteger las rutas marítimas y combatir el «terrorismo, el contrabando y el crimen organizado».
La escalada supone una ruptura significativa. Desde la tregua negociada por la ONU en 2022, el mar Rojo había vivido años de relativa calma entre los hutíes y Arabia Saudí. Ese equilibrio frágil se quiebra ahora en un corredor marítimo de importancia estratégica para el comercio global.
Conviene mirar los incentivos. Irán lleva más de una década sosteniendo a los hutíes como palanca de presión regional: contra Arabia Saudí, contra Israel y, de forma más amplia, contra el orden de seguridad que Washington y sus aliados mantienen en el Golfo y el mar Rojo. Cada ataque hutí a un buque mercante o a infraestructura saudí no es un acto autónomo de un actor local; es, según el propio gobierno yemení reconocido, un instrumento de la política exterior de Teherán.
El dato importa más que el ruido. Lo que está en juego no es solo la estabilidad interna de Yemen —un país devastado por más de una década de guerra— sino la seguridad de una de las rutas comerciales más transitadas del planeta. El libre tránsito por el mar Rojo es condición necesaria para el comercio global; su perturbación tiene costos reales para consumidores y empresas mucho más allá de la región. Cada episodio de escalada alimenta primas de seguro, desvíos de rutas y presiones inflacionarias que no pagan los mulás en Teherán ni los cuadros hutíes en Saná, sino las cadenas de suministro que sostienen la economía abierta. La historia sugiere cautela ante cualquier optimismo sobre una desescalada rápida mientras Irán mantenga sus incentivos intactos.

