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Oriente Medio y África

Yemen: el gobierno bombardea el aeropuerto de Saná y los hutíes responden con misiles contra Arabia Saudita

La mayor escalada de violencia entre ambos bandos en años amenaza con romper la tregua vigente desde 2022 y expone la mano de Teherán en el conflicto.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricalunes 13 de julio de 2026

El gobierno yemení reconocido internacionalmente atacó la pista del aeropuerto de Saná —controlado por los rebeldes hutíes— y, horas después, los hutíes dispararon seis misiles contra el aeropuerto de Abha, en Arabia Saudita. La escalada, descrita como la mayor en años entre ambos bandos, amenaza con romper la tregua que se ha mantenido desde 2022.

El detonante fue un avión iraní. El gobierno de Adén buscaba impedir que la aeronave aterrizara en la capital tras no lograr convencer a una delegación hutí —que viajó a Teherán para el funeral del líder supremo iraní Ali Khamenei— de regresar en un vuelo distinto, operado bajo supervisión gubernamental. El Ministerio de Defensa yemení justificó el ataque señalando que «las milicias terroristas hutíes, respaldadas por el régimen iraní, impidieron que aviones nacionales yemeníes aterrizaran en el aeropuerto de la capital, insistiendo en permitir que un avión iraní violara el espacio aéreo yemení».

La emisora hutí Al-Masirah afirmó, no obstante, que el avión iraní logró aterrizar en territorio yemení «con varios pacientes y ciudadanos varados a bordo, acompañado por la delegación oficial». No se especificó el lugar de aterrizaje.

El ministro de Información del gobierno reconocido internacionalmente, Moammar bin Mutahar Al-Eryan, añadió otra acusación: según Sky News en árabe y medios israelíes, los hutíes tenían retenido en el aeropuerto de Saná un avión del Comité Internacional de la Cruz Roja y mantenían detenidos a su piloto y copiloto.

Tras los ataques con misiles, una fuente yemení citada por Yedioth Ahronot indicó que las fuerzas hutíes estaban «atacando aeropuertos saudíes con misiles hipersónicos en respuesta al ataque al aeropuerto de Saná». Ali al-Bukhaiti, miembro del buró político hutí, declaró a Al Jazeera que el grupo atacaría la «infraestructura vital» de Arabia Saudita como represalia.

El portavoz militar hutí, Yahya Saree, acusó a Arabia Saudita de «poner fin a la fase de desescalada» y advirtió que «esta agresión no quedará sin respuesta ni sin castigo». El presidente del gobierno yemení, Rashad al-Alimi, respondió considerando a las milicias hutíes «plenamente responsables de esta escalada y de todas las repercusiones que pueda tener», e implicó también a sus «partidarios y socios» —lectura directa hacia Irán— en la responsabilidad política y legal.

La Autoridad General de Aviación Civil de Yemen ordenó el cierre de todos los aeropuertos al tráfico aéreo hasta nuevo aviso.

El conflicto entre el gobierno y los hutíes se prolonga desde 2014 y ha dejado cientos de miles de muertos, además de una grave crisis humanitaria. Los rebeldes controlan Saná y gran parte del norte, incluidas las zonas más pobladas; el gobierno reconocido internacionalmente opera desde el puerto meridional de Adén con el respaldo de Arabia Saudita y otros Estados del Golfo.

Conviene mirar los incentivos. El avión iraní no era un detalle logístico: era una señal de soberanía que Teherán —aun en pleno período de duelo institucional por Khamenei— no estaba dispuesto a ceder. Los hutíes, brazo armado de ese proyecto regional, actuaron en consecuencia. El gobierno de Adén, respaldado por Riad, eligió responder con fuerza antes de que el precedente se consolidara. El resultado es una tregua fragilizada y una región que vuelve a calibrar hasta dónde llega la disuasión. El dato importa más que el ruido: la escalada no surgió de un accidente, sino de una disputa deliberada sobre quién controla el espacio aéreo —y, por extensión, quién gobierna Yemen.

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