Wang Yi afirmó este sábado que la visita de Xi Jinping a Washington, donde se reunió con Donald Trump, dio continuidad al encuentro de mayo en Pekín y envió una «señal positiva» de acercamiento, coexistencia pacífica y beneficio mutuo entre ambos países.
El canciller chino calificó las relaciones chino-estadounidenses de estar en un «momento histórico» y destacó la comunicación estrecha que mantienen ambos jefes de Estado. Según un comunicado difundido por el Ministerio de Exteriores chino, ese contacto ha establecido un modelo de respeto mutuo convertido en el «activo estratégico más valioso de las relaciones bilaterales».
Wang también mencionó el concepto de «estabilidad estratégica constructiva», fórmula que Xi reiteró durante la visita y que Pekín emplea para encuadrar la relación bilateral desde el viaje de Trump a China en mayo.
En materia comercial, el canciller destacó una reducción arancelaria recíproca de 30.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, advirtió que ciertas fuerzas estadounidenses han «generalizado» el concepto de seguridad nacional para politizar cuestiones económicas y reprimir a empresas de capital chino, a las que instó a tratar de «manera justa».
Wang indicó además que Xi y Trump intercambiaron puntos de vista sobre cuestiones internacionales y acordaron reforzar la coordinación para contribuir a la paz y el desarrollo mundiales. En ese apartado, aseguró que Xi alentó a las partes del conflicto en Oriente Medio a optar por la paz y reanudar el diálogo para alcanzar un «acuerdo integral», incluido el tema nuclear.
El canciller añadió que el desarrollo sano, seguro y ordenado de la inteligencia artificial es «crucial para el futuro de la humanidad» y no puede lograrse sin cooperación chino-estadounidense. Señaló también que ambas potencias tienen responsabilidad para desarrollar una IA que permanezca bajo control humano y beneficie a las personas.
Sobre la terminología para esa tecnología emergente, un portavoz del Ministerio de Exteriores chino dijo que Pekín respeta la elección estadounidense de «superinteligencia», como Trump la ha rebautizado, y habló de una «mayor comunicación e intercambios de opiniones en profundidad para buscar consensos».
En el frente del fentanilo, Wang sostuvo que «si bien este problema no fue causado en China», el gobierno ha prestado asistencia a Estados Unidos, entre otras medidas, al añadir precursores químicos a su lista de sustancias controladas y reforzar los controles de exportación.
Respecto a Taiwán, un asunto que no apareció en los comunicados sobre la cita, aseguró que Xi subrayó que China salvaguarda firmemente la «unidad nacional» e «integridad territorial» e instó a Estados Unidos a manejar la cuestión con prudencia.
Según ambos mandatarios, el viaje sirvió para reforzar la relación bilateral de las dos potencias y se saldó también con la prórroga hasta enero de la tregua arancelaria anunciada justo antes de la llegada del presidente chino a Washington.
Se espera que Xi y Trump vuelvan a verse hasta en dos ocasiones antes de fin de año: primero en noviembre en Shenzhen, con motivo de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, y después en Miami durante la cumbre de líderes del G20.
Para los mercados y para la economía global, la señal más concreta no es la retórica de acercamiento, sino la extensión de la tregua arancelaria. En un orden internacional cada vez más tensionado, ambos gobiernos muestran que todavía prefieren administrar la rivalidad antes que dejarla escalar.
La historia sugiere cautela. Pekín y Washington hablan de cooperación en inteligencia artificial, fentanilo y Oriente Medio, pero el verdadero test será si esa «estabilidad estratégica constructiva» resiste cuando vuelvan a chocar los incentivos comerciales y de seguridad. Mientras tanto, el costo de una ruptura sigue siendo demasiado alto para cualquiera de los dos.

