El Departamento de Estado de Estados Unidos emitió este jueves un comunicado en el que respaldó de forma explícita la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, territorio no autónomo cuyo estatus lleva cinco décadas en disputa. La declaración coincidió con la Fiesta del Trono, jornada que conmemora el aniversario de entronización del rey Mohamed VI.
«Bajo el liderazgo del presidente Trump, la postura de Estados Unidos ha sido inequívoca: reconocemos la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental», señaló el comunicado, que describió la propuesta de autonomía marroquesa como «seria, creíble y realista» y como «única base para una solución justa, duradera y mutuamente aceptable».
El texto fue categórico en su diagnóstico: «Esta disputa debe terminar ya». Washington defendió «una autonomía genuina bajo soberanía marroquí» como la opción que «brinda a esta región y al continente la oportunidad de avanzar finalmente tras 50 años».
El respaldo no es nuevo en su forma, pero sí en su tono. El Departamento de Estado recordó el «papel fundamental» que Rabat desempeñó en los Acuerdos de Abraham, el marco por el que varios países árabes normalizaron relaciones con Israel. Para Marruecos, esa participación tuvo como contrapartida el reconocimiento previo de Washington de su soberanía sobre la excolonia española.
Más allá de la dimensión territorial, el comunicado delineó una agenda bilateral de alcance económico y estratégico. Estados Unidos se comprometió a seguir siendo «socio de confianza» de Marruecos «en los ámbitos de la energía, la inteligencia artificial, los minerales críticos y la defensa». La mención de minerales críticos no es accidental: en el contexto de la competencia global por cadenas de suministro estratégicas, el norte de África ocupa un lugar creciente en los cálculos de Washington.
El rey Mohamed VI recibió el elogio de ser calificado como artífice de que «Marruecos ha sido un pilar de estabilidad y seguridad regionales». La declaración cerró con un compromiso de cooperación para «promover la paz, la estabilidad regional y un crecimiento económico que beneficie a ambos pueblos».
La jornada tuvo, sin embargo, un contrapunto incómodo: según informó El Universal, la misma Fiesta del Trono fue escenario de un intento masivo de cruce de miles de jóvenes marroquíes hacia España, episodio que subraya las tensiones migratorias que rodean la relación entre Rabat y Madrid.
Conviene mirar los incentivos. La administración Trump consolida con este movimiento una posición que le reporta dividendos en varios frentes simultáneos: avanza la arquitectura de los Acuerdos de Abraham, asegura un socio estable en el Magreb y abre acceso preferencial a recursos estratégicos en un momento en que la rivalidad con China por minerales críticos define buena parte de la política exterior estadounidense. Para Marruecos, el reconocimiento equivale a una victoria diplomática de primer orden que fortalece la posición del reino frente al Frente Polisario y sus patrocinadores regionales.
El dato importa más que el ruido. Mientras el debate europeo sobre migración y fronteras consume titulares, Washington elige el marco de la estabilidad y el mercado para relacionarse con el norte de África. Esa selección de prioridades tiene consecuencias duraderas para el orden regional.

