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Oriente Medio y África

Washington redefine el cálculo de disuasión frente a Teherán

Un ataque de CENTCOM contra defensas iraníes y la respuesta con misiles hacia Jordania, Kuwait y Baréin exponen el límite real del poder militar de la República Islámica.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricaviernes 4 de septiembre de 2026

Durante casi medio siglo, la República Islámica de Irán logró que Washington temiera más la confrontación que Teherán temiera atacar intereses estadounidenses. El régimen financió terrorismo, armó proxies, amenazó el tráfico marítimo internacional y golpeó fuerzas de EE. UU. mientras explotaba el temor de Washington a la «escalada». Esa ecuación, según un análisis publicado en la sección de Opinión de Fox News, ha comenzado a revertirse bajo la administración de Donald Trump.

El episodio más reciente lo ilustra. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que una operación militar golpeó defensas aéreas, sistemas de radar, activos marítimos, capacidades de colocación de minas y sitios de comunicación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), tras intentos iraníes de atacar embarcaciones comerciales y a personal militar estadounidense. Teherán respondió con misiles y drones dirigidos hacia Jordania, Kuwait y Baréin.

El analista Richard Goldberg, del Foundation for Defense of Democracies, examinó en un segmento de la cadena las estrategias para desarticular las redes de proxies del régimen iraní, en el marco de la ofensiva estadounidense contra la maquinaria de guerra de Teherán.

El texto de Fox News sostiene que lo relevante no es solo la destrucción de radares y activos navales iraníes, sino que Washington está imponiendo un principio que Teherán comprende: la agresión expondrá y debilitará su poder militar. Para una teocracia que construyó influencia regional convenciendo a sus adversarios de que la represalia era más peligrosa que la acomodación, ese cambio altera el equilibrio del temor.

Según el análisis, los ataques demuestran que Irán sigue siendo peligroso, pero no estratégicamente fuerte. Poseer misiles capaces de infligir daño no equivale a poseer el poder de dictar el resultado de un conflicto. Cada intento de reconstruir su maquinaria de agresión, sostiene el texto, crea nuevas vulnerabilidades que la inteligencia y el poder militar estadounidenses pueden explotar.

El artículo describe esto como uno de los logros más consecuentes de la política actual de EE. UU. Durante años, Teherán siguió un ciclo favorable: construir capacidades militares, usarlas directamente o mediante proxies, absorber una respuesta limitada, esperar los llamados a la «desescalada» y reconstruir. Washington, señala el análisis, confundió la contención con la disuasión. Pero la disuasión solo existe cuando la agresión deja de forma confiable a un adversario en peor situación, y la administración Trump estaría restaurando ese principio.

El Estrecho de Ormuz aparece como el escenario donde esa transformación importa más. Según el texto, la República Islámica ha tratado durante mucho tiempo el Golfo Pérsico como un rehén geopolítico: nunca necesitó derrotar a la Marina estadounidense, solo necesitaba convertir esa vía marítima vital en un instrumento de presión constante.

Conviene mirar los incentivos. Si cada intento iraní de reconstruir defensas o capacidad de minado se traduce en un objetivo militar legítimo para Washington, el costo de la agresión sube para Teherán en cada ronda del ciclo que antes le resultaba rentable. El dato importa más que el ruido: los misiles y drones lanzados hacia Jordania, Kuwait y Baréin muestran capacidad de daño, no capacidad de imponer condiciones.

La historia sugiere cautela, sin embargo, antes de declarar terminada la partida. El propio análisis de Fox News reconoce que Irán conserva peligrosidad, y el desmantelamiento de activos militares no equivale, por sí solo, a una estrategia definida de salida. Para una línea editorial que respalda la firmeza de Trump y el protagonismo de Marco Rubio en política exterior, el mérito de esta fase está en romper el patrón de restricción que Washington confundió con disuasión durante décadas; el riesgo está en que la superioridad táctica, sin un objetivo político claro, se convierta en gestión indefinida de crisis en lugar de resolución.

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