El Gobierno de Estados Unidos dio un paso operativo concreto esta semana: el Departamento de Estado abrió licitaciones para adjudicar hasta tres acuerdos de cooperación de asistencia financiera, valorados entre 1 y 50 millones de dólares, destinados a construir una plataforma de supervisión y acreditación de la cadena de suministro para inteligencia artificial a través del Canal de Panamá. El plazo de presentación de propuestas vence el 20 de agosto.
Las empresas o entidades adjudicatarias deberán codesarrollar y operar una plataforma que ejecute funciones de acreditación y trazabilidad de mercancías, garantice parámetros de seguridad, verifique procedencias e implemente coordinación con aduanas, puertos y operadores logísticos de Panamá, según el comunicado del Departamento de Estado.
El proyecto se enmarca en la iniciativa Pax Silica, lanzada por el Gobierno de Donald Trump para blindar las cadenas de suministro de tecnologías clave. La cumbre inaugural de Pax Silica se celebró el 25 y 26 de junio, y hasta la fecha 25 países y regiones —entre ellos Estados Unidos, la Unión Europea y socios de Latinoamérica, Europa y Asia— se han adherido a la iniciativa.
El objetivo declarado del programa piloto es «agilizar el transporte de semiconductores, infraestructura de IA, minerales críticos y productos relacionados entre los países y economías socias de Pax Silica», de acuerdo con el comunicado. El Departamento de Estado también señaló que el programa podría ampliarse en el futuro a otros ámbitos geográficos, lo que convierte a Panamá en banco de pruebas de un esquema con vocación global.
La colaboración se llevará a cabo en coordinación directa con las autoridades portuarias y aduaneras panameñas, lo que implica una integración institucional de cierto calado entre Washington y Ciudad de Panamá en un sector estratégico.
Conviene mirar los incentivos. Para Panamá, el programa representa una oportunidad de posicionarse como nodo certificado en la cadena global de suministro tecnológico, un activo de valor creciente en un mundo donde la procedencia verificable de semiconductores y minerales críticos se ha convertido en variable geopolítica de primer orden. El Canal ya es paso obligado del comercio mundial; añadir una capa de trazabilidad acreditada por Washington eleva su relevancia estratégica y, con ella, el peso negociador del gobierno de Mulino.
El dato importa más que el ruido. Frente a quienes reducen la relación entre Washington y Ciudad de Panamá a la retórica sobre la soberanía del Canal, esta licitación muestra una dinámica distinta: inversión concreta, plazos definidos y arquitectura institucional compartida. La libre empresa —en este caso, las firmas que compitan por los acuerdos de cooperación— es el vehículo elegido para ejecutar una política de Estado. Ese modelo, que combina incentivos de mercado con objetivos de seguridad nacional, es precisamente el que Pax Silica busca replicar en otros corredores logísticos del mundo.



