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Oriente Medio y África

Washington celebra la designación británica de la Guardia Revolucionaria iraní bajo la Ley de Seguridad Nacional

El Departamento de Estado elogió la medida de Londres, que equipara a la CGRI y al grupo HAYI con servicios de inteligencia extranjeros y endurece las penas para quienes los apoyen en suelo británico.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricasábado 18 de julio de 2026

El portavoz adjunto del Departamento de Estado, Tommy Pigott, emitió un comunicado este viernes en el que Estados Unidos declaró acoger «con satisfacción» la decisión de Reino Unido de designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) y al grupo Harakat Ashab al-Yamin al-Islamiya (HAYI) bajo la nueva Ley de Seguridad Nacional británica.

Pigott denunció que «los intentos de Irán de matar, secuestrar, acosar e intimidar en Estados Unidos, Reino Unido y en todo el mundo son deplorables y socavan la soberanía nacional y las normas internacionales». Reiteró además el compromiso de Washington de mantener coordinación con sus aliados para «promover la rendición de cuentas por el terrorismo respaldado por Irán en todo el mundo».

La medida londinense, propuesta el lunes pasado, equipara a la CGRI y a HAYI con servicios de inteligencia extranjeros, lo que amplía las competencias de las autoridades británicas para perseguir sus actividades. Según informó el Gobierno de Reino Unido, los nuevos delitos de apoyo y asistencia a estas organizaciones «podrían conllevar penas de hasta 14 años de prisión», mientras que la legislación de seguridad nacional contempla penas de «hasta cadena perpetua» para los casos más graves.

Un cambio procesal relevante acompaña a la reforma: la justicia británica «ya no tendrá que demostrar en cada caso la existencia de un vínculo con una potencia extranjera», lo que agiliza el inicio de causas penales contra personas que lancen ataques en suelo británico. El contexto inmediato son los ataques reivindicados por HAYI contra lugares vinculados a las comunidades judía e israelí, así como contra miembros de la disidencia iraní en el Reino Unido.

Teherán respondió con rapidez. El Gobierno iraní rechazó la acción británica, la calificó de «injustificada» e «irresponsable» y acusó a Londres de actuar «a partir de afirmaciones infundadas sobre seguridad» mientras, según Irán, «acoge y apoya a redes y grupos terroristas y violentos». Teherán adelantó que se reserva el derecho de adoptar medidas en respuesta.

La coordinación entre Washington y Londres se enmarca en un patrón más amplio que incluye la presión sobre grupos respaldados por Irán o Rusia, según describió el propio Gobierno británico al justificar la norma.

Conviene mirar los incentivos. La decisión de Londres cierra una brecha legal que obligaba a los fiscales a probar, caso por caso, el nexo con Teherán, un requisito que en la práctica ralentizaba las persecuciones y reducía la disuasión. Al equiparar a la CGRI con un servicio de inteligencia extranjero, el Estado británico reconoce algo que los hechos venían confirmando desde hace años: que la amenaza no proviene de actores solitarios, sino de una estructura estatal que opera en suelo occidental. El respaldo explícito de la administración Trump, expresado a través del Departamento de Estado, subraya que la respuesta coordinada entre aliados —no la diplomacia unilateral ni las concesiones— es el único lenguaje que modifica el cálculo de Teherán. El dato importa más que el ruido: mientras Irán protesta, dos de las democracias más influyentes del mundo acaban de elevar el costo de sus operaciones encubiertas.

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