Victoria Villarruel participó en Madrid del XII Foro Parlamentario Iberoamericano, al mismo tiempo que Javier Milei estaba en París para asistir a la Argentina Week. En la apertura del foro, Villarruel se mostró junto al rey de España, Felipe VI, en un encuentro que reunió a autoridades y representantes legislativos de los países de la comunidad iberoamericana.
La comitiva que encabeza incluyó a cuatro senadores: Maximiliano Abad, Natalia Gadano, Martín Goerling y Sandra Mendoza. La reunión funcionó como instancia preparatoria de la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, y las deliberaciones estuvieron orientadas a la cooperación entre los poderes legislativos, el fortalecimiento institucional y los temas de la agenda regional.
Durante su intervención, Villarruel volvió a diferenciarse de Milei. Tras la defensa presidencial de un funcionamiento de la inteligencia artificial sin regulaciones ante la Asamblea General de la ONU, ella advirtió que «no habrá un Estado eficiente ni una democracia plena» si no se sitúa «al ser humano que trabaja en el centro de toda innovación tecnológica».
También sostuvo que «el desarrollo, la producción y el trabajo son los verdaderos cimientos de Iberoamérica». Según Villarruel, si los Estados y los Parlamentos no «intervienen con programas audaces de apoyo» a las pequeñas y medianas empresas, «la reconversión tecnológica va a profundizar la inequidad en la distribución del dividendo digital».
En esa línea, planteó que hacen falta «políticas públicas serias que defiendan el arraigo federal y la industrialización». Y agregó: «Ante el desafío del empleo, la respuesta jamás puede ser el repliegue asistencialista ni la resignación de un subsidio permanente. Ninguna transferencia económica va a sustituir jamás la dignidad sagrada del trabajo. El trabajo es realización moral, dignifica a las familias y es el norte innegociable de toda política económica».
Además, Villarruel se reunió con el Grupo Parlamentario de Amistad Iberoamericano en el Senado de España, donde la recibió el presidente del cuerpo, Pedro Rollán. Dijo que fue un encuentro para «fortalecer los vínculos entre nuestros países, compartir experiencias y seguir trabajando por una Iberoamérica unida basada en el diálogo, la cooperación y el respeto institucional».
La simultaneidad de los viajes dejó el Poder Ejecutivo en manos del presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, por aplicación de la Ley 20.972 de Acefalía. Según esa norma, ante la ausencia simultánea del Presidente y la Vicepresidenta, la responsabilidad recae primero en el presidente provisional del Senado, seguido por el presidente de la Cámara de Diputados y luego el titular de la Corte Suprema de Justicia.
Abdala ya había ocupado ese lugar entre el 8 y el 11 de diciembre de 2025, cuando Milei viajó a Noruega y Villarruel se trasladó también a España.
La distancia política entre Milei y Villarruel viene de antes. La fuente reconstruye que, tras el balotaje, Milei y Nicolás Posse definieron que Patricia Bullrich y Luis Petri quedaran al frente de Seguridad y Defensa, pese a que durante la campaña Milei había repetido que esas áreas irían a manos de Villarruel. Más adelante, en noviembre de 2024, Milei dijo que ella no tenía ninguna «injerencia» en el Gobierno y la asoció a la «casta» y el «círculo rojo».
Villarruel, a su vez, ya había expuesto diferencias con Karina Milei en medio de la negociación por la ley bases y la votación en rechazo del DNU 70/2023 en el Senado. Luego, en una entrevista con TN, resumió la tensión interna con la frase: «Las dos queremos a Javier, las dos somos bravas, pobre jamoncito».
El dato importa más que el ruido. La foto de Villarruel con Felipe VI y su mensaje sobre trabajo, pymes e intervención estatal exhiben una vicepresidencia que busca gravitar por su cuenta mientras el oficialismo mantiene su pelea interna. Conviene mirar los incentivos: cuando la conducción política se fragmenta, el costo recae en la institucionalidad y en la claridad de mando.
También hay una señal de fondo para el debate económico. Villarruel defendió más apoyo público a las pymes y rechazó la resignación al subsidio permanente, pero su discurso vuelve a poner en primer plano una discusión que Argentina no resuelve: qué Estado puede sostener la innovación sin ahogar la libertad para producir. En esa tensión se juega buena parte del equilibrio entre orden institucional y eficiencia económica.

