Delcy Rodríguez, quien presidió este lunes la ceremonia de despedida del embajador vietnamita Vu Trung My en Caracas, confirmó que el Ejecutivo venezolano negocia con el gobierno de Vietnam «más de tres decenas de acuerdos» bilaterales en los sectores de energía, agricultura, telecomunicaciones y cultura. La cifra se suma a los 51 convenios que, según Rodríguez, ya se encuentran vigentes entre ambas naciones.
La ocasión fue el acto oficial de imposición de la Orden Francisco de Miranda en su primera clase al diplomático saliente, quien concluyó tres años de misión en la capital venezolana. Rodríguez destacó que el embajador «supo estrechar los lazos de amistad, de cooperación, de cercanía» entre Caracas y Hanói, y enmarcó la distinción en la labor de fortalecimiento de relaciones entre administraciones, poderes legislativos y organizaciones políticas de ambos países.
Las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Vietnam fueron formalizadas el 18 de diciembre de 1989 y han mantenido, según la fuente, una dinámica de intercambios institucionales continuos.
La misma fuente señala que, en el ámbito energético, la denominada «administración interina» —referencia al gobierno de Juan Guaidó— ha suscrito más de cincuenta instrumentos de inversión y explotación en el sector de hidrocarburos con diversos actores globales, principalmente con corporaciones de Estados Unidos. La fuente presenta el acercamiento con Vietnam como un elemento que se suma a ese contexto más amplio de diplomacia energética.
El mismo medio recoge, en artículos relacionados, que figuras como Omar González han exigido un cronograma electoral tras los acuerdos petroleros con Estados Unidos, aunque la fuente no establece esa exigencia como condición formal para validar ningún instrumento específico.
Conviene mirar los incentivos. Para Venezuela, multiplicar acuerdos bilaterales —con Vietnam, con India, con otros socios del Sur Global— cumple una función doble: proyectar imagen de gestión activa hacia adentro y diversificar apoyos hacia afuera, en un momento en que la legitimidad del gobierno en Caracas sigue siendo objeto de disputa internacional. El dato importa más que el ruido: treinta acuerdos en negociación son una intención, no un resultado; su valor real dependerá de los términos de implementación, de los mecanismos de verificación y, sobre todo, de si generan inversión productiva o simplemente engrosan un archivo de convenios sin ejecución.
Desde la línea editorial de Continente, el patrón es reconocible: el aparato estatal venezolano utiliza la diplomacia ceremonial —condecoraciones, actos de despedida, declaraciones de «lazos de amistad»— como sustituto de reformas institucionales que atraigan capital privado en condiciones de seguridad jurídica. Mientras la agenda exterior se llena de firmas, la exigencia interna de un cronograma electoral —documentada por el propio medio— recuerda que ningún acuerdo energético o agrícola resuelve el déficit de legitimidad que pesa sobre quien los negocia.



