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Vance a la campaña israelí de influencia: «Go to hell»

El vicepresidente acusa a ciertos elementos dentro del gobierno israelí de financiar una operación para torpedear las negociaciones con Irán; en el mismo episodio de Rogan, admite que la administración «metió la pata» en las comunicaciones sobre los archivos Epstein.
Imagen ilustrativa
Estados Unidosjueves 16 de julio de 2026

JD Vance desató una tormenta diplomática el miércoles al acusar, durante una entrevista de casi tres horas con el podcaster Joe Rogan, a ciertos elementos dentro del gobierno israelí de financiar una campaña de influencia destinada a hundir las negociaciones de Washington con Teherán. «Mi respuesta a eso es: vayan al diablo. Voy a hacer lo que tengo que hacer para el pueblo americano. Represento a los estadounidenses primero», dijo el vicepresidente.

El detonante: un artículo de Time

Vance trajo el tema sin que Rogan se lo preguntara. Citó un reportaje de la revista Time que reveló que Brad Parscale —ex director de campaña de Trump— y su empresa Clock Tower X fueron contactados en septiembre pasado por una agencia publicitaria para conducir una campaña de influencia dirigida y financiada por el gobierno israelí, según registros del Acta de Registro de Agentes Extranjeros (FARA) citados por la publicación. El objetivo oficial era combatir el antisemitismo en línea; sin embargo, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí familiar con la campaña dijo a Time que la meta real era «evitar que los jóvenes conservadores se volvieran contra Israel».

La administración Trump identificó, según el mismo reporte, publicaciones simultáneas de influencers conservadores que criticaban el memorando de entendimiento (MOU) alcanzado el mes pasado para poner fin a la guerra con Irán, y las vinculó a esa operación. Parscale admitió que la campaña buscaba evitar que jóvenes americanos se alejaran de Israel, pero rechazó que su alcance se extendiera a atacar la diplomacia con Irán.

Las palabras exactas del vicepresidente

Vance fue explícito pero también matizado. «Sé más allá de toda duda que hay personas dentro del sistema israelí que están manipulando y tratando de cambiar la opinión pública americana para mantener la guerra indefinidamente», afirmó. Al mismo tiempo, reconoció que «hay muchos elementos dentro del gobierno israelí que sí apoyan nuestro proceso» y comprenden que una campaña indefinida tampoco les conviene. Rechazó la idea de que la presión israelí hubiera influido en la decisión de Trump de ir a la guerra: «Creo que el presidente, completamente al margen de cualquier influencia de Israel, cree firmemente que Irán no debe tener un arma nuclear».

Sobre la dinámica interna de Teherán, Vance describió una fractura entre pragmáticos dispuestos a negociar y línea dura que, según él, «se asustó» tras el MOU al ver cuánto petróleo logró extraer Estados Unidos del Estrecho de Ormuz. «Los pragmáticos dicen: 'Esto fue un error. Sigamos hablando'», sostuvo. Reconoció, no obstante, que el programa nuclear iraní aún conserva reservas de uranio altamente enriquecido y sitios no atacados.

El capítulo Epstein

A mitad de la entrevista, Rogan preguntó por los archivos del financiero Jeffrey Epstein. Vance no esquivó la pregunta: «Absolutamente metimos la pata en las comunicaciones de los archivos Epstein. Así fue». Recordó que la entonces fiscal general Pam Bondi anunció en Fox News que la «lista de clientes» estaba «sobre su escritorio», pero que las carpetas entregadas días después a un grupo de influencers conservadores en la Casa Blanca contenían únicamente extractos de la libreta de teléfonos del financiero, sin información nueva. «No sé cuál era el propósito, pero sé que el efecto fue hacer que la gente desconfiara de todo el esfuerzo», dijo. Vance se describió como un «conspiracionista OG de Epstein» y afirmó que Epstein «claramente tenía conexiones con los más altos niveles de la inteligencia americana e israelí», aunque aclaró que el gobierno no posee documentación que lo confirme.

Lo que está en juego

Conviene mirar los incentivos. Una negociación que reduce la presión militar sobre Irán puede abrir rutas comerciales y aliviar la presión sobre los mercados energéticos globales; una guerra indefinida, en cambio, eleva el riesgo geopolítico y el costo para el contribuyente americano sin un horizonte claro. Vance, quien se describió como «moderado razonable» en el debate pro-Israel/anti-Israel, apuesta por la vía diplomática con respaldo de fuerza —«carrots and sticks», en sus palabras— frente a quienes prefieren la presión militar sin límite de tiempo.

El dato importa más que el ruido. La división que el vicepresidente describe dentro del gobierno israelí —entre quienes aceptan el proceso y quienes buscan descarrilarlo— será una variable crítica en las próximas semanas. Si la diplomacia fracasa, la pregunta no será solo qué hizo Teherán, sino qué hicieron ciertos actores en Washington y Tel Aviv para impedirla.

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