La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) convocó a los aspirantes aceptados a licenciatura 2026 a presentar un examen de control presencial adicional, tras haber obtenido ya un lugar mediante el concurso de selección ordinario. La Dirección General de Administración Escolar (DGAE) emitió las citas correspondientes y estableció cuatro sedes de aplicación: Ciudad de México, León, Oaxaca y Tijuana.
La institución informó que la asignación de sede se realizó con «criterios de regionalización» para reducir, según sus propias palabras, «en la medida de lo posible» los tiempos y costos de traslado. No obstante, aclaró que no será posible cambiar de sede bajo ninguna circunstancia.
Para los aspirantes que deban desplazarse largas distancias, la UNAM pidió organizar con anticipación transporte, hospedaje y alimentación, y recomendó revisar la ubicación exacta de la sede mediante el croquis adjunto a la cita, planificar el trayecto considerando condiciones de tránsito y llegar con suficiente anticipación para completar el registro de ingreso.
El día del examen, cada aspirante deberá presentar una identificación oficial vigente y la cita impresa. La Universidad solicitó además descansar adecuadamente la noche anterior y seguir en todo momento las indicaciones del personal universitario presente en las sedes.
La UNAM aseguró haber dispuesto de los «recursos humanos, técnicos y logísticos necesarios» para que la evaluación se desarrolle en condiciones de «seguridad, orden y equidad». El Palacio de los Deportes fue anunciado como sede para la Ciudad de México.
Este examen de control surgió después de que la propia Universidad decidiera aplicar una evaluación adicional a quienes ya habían obtenido un lugar en el proceso de admisión regular, decisión que generó protestas entre aspirantes aceptados.
Conviene mirar los incentivos. Una institución pública financiada con recursos del Estado impone una carga logística y económica —transporte, hospedaje, alimentación— directamente sobre familias que ya habían completado el proceso de selección establecido. El costo no lo absorbe el aparato universitario: lo traslada al aspirante y a su familia, muchas veces de escasos recursos, sin ofrecer compensación ni alternativa de sede.
El dato importa más que el ruido. La UNAM puede invocar criterios de equidad y regionalización, pero la equidad real se mide en quién paga el boleto de autobús y quién puede costear una noche de hotel. Cuando una burocracia modifica las reglas del juego después de que los participantes ya cumplieron los requisitos originales, el principio vulnerado no es menor: es la confianza en las instituciones y en la validez de sus propios procesos.



