La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publicó el viernes 28 de agosto los resultados de su segundo examen de ingreso, aplicado de manera presencial, y confirmó que 20 mil 923 concursantes obtuvieron un lugar para el Ciclo Escolar 2026-2027/1, que inicia el próximo 31 de agosto.
De 42 mil 800 jóvenes que descargaron su cita para la prueba, solo se presentaron 36 mil 885, y apenas el 57% logró un lugar en la institución. El dato importa más que el ruido: los cortes de aciertos mínimos cayeron de forma generalizada frente al examen anterior, aplicado en línea.
Medicina en Ciudad Universitaria fijó el corte en 92 aciertos, frente a los 117 del examen digital. De mil 718 aspirantes, solo 312 alcanzaron el mínimo requerido; apenas tres llegaron a 119 aciertos de 120 posibles. En FES Iztacala, la misma licenciatura bajó de 115 a 84 aciertos.
En Derecho, Ciudad Universitaria redujo el mínimo de 90 a 65 aciertos; de 2,129 aspirantes, 610 fueron seleccionados. Administración, en la Facultad de Contaduría, cerró en 67, con 457 lugares asignados. Enfermería en FES Zaragoza pasó de 103 a 58; Cirujano Dentista en FES Iztacala, de 109 a 65; Odontología en Ciudad Universitaria, de 112 a 70, y Psicología, de 112 a 74.
La caída de los mínimos no es un dato aislado: es la consecuencia directa de la crisis que estalló con el primer examen, aplicado por primera vez de manera enteramente digital para casi 159 mil aspirantes que competían por 22 mil plazas. El porcentaje de sustentantes con más de 100 aciertos saltó del 3.5% histórico al 16.3%, un salto que encendió las alarmas y forzó la revisión de resultados y la convocatoria a un examen de control presencial para unos 58 mil aspirantes.
La explicación de ese salto anómalo llegó por la vía penal. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México detuvo el 25 de agosto a David «N» y Edgar «N», responsables de la academia «Más Preparación», luego de que la UNAM detectara que las evaluaciones de al menos nueve aspirantes compartían datos de conexión y otras anomalías que apuntaban a una misma fuente. Ambos habrían usado las instalaciones de la academia para contestar los exámenes en lugar de los aspirantes durante mayo y junio de 2026, y enfrentan cargos por fraude genérico; permanecen en prisión preventiva mientras avanza la investigación.
Conviene mirar los incentivos. Un examen de ingreso enteramente digital, sin supervisión presencial, abrió una ventana para que terceros vendieran resultados falsos a cambio de una cuota, en perjuicio directo de los aspirantes que sí estudiaron y compitieron en condiciones reales por un cupo escaso. La respuesta institucional —anular resultados, exigir una segunda prueba presencial y bajar los cortes— es también una admisión de que el diseño original falló en lo más elemental: garantizar que quien responde el examen sea quien aspira al lugar.
El episodio ilustra una tensión que rara vez se discute en la educación pública gratuita y masificada: cuando el acceso a un bien escaso —una carrera de Medicina o Derecho en la universidad más grande del país— se administra con controles débiles, el mérito cede terreno ante quienes están dispuestos a pagar por atajos. La UNAM, con recursos públicos y una demanda que multiplica varias veces su oferta de plazas, tiene ahora la obligación de rendir cuentas no solo por el fraude detectado, sino por el diseño que lo hizo posible. La historia sugiere cautela ante cualquier digitalización de procesos críticos sin mecanismos de verificación de identidad robustos, algo que instituciones privadas y públicas de otros países ya resolvieron hace años.



