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Una señal bajo tierra reaviva la caza de la materia oscura

El experimento LUX-ZEPLIN detecta una interacción de partículas que los científicos no logran explicar con las fuentes de fondo conocidas, aunque advierten que aún falta evidencia para hablar de descubrimiento.
Foto: cbsnews.com
Ciencia y tecnologíamiércoles 2 de septiembre de 2026

Un equipo internacional de físicos, entre ellos un investigador de la Universidad Northwestern, reportó una señal inusual registrada por el experimento LUX-ZEPLIN, dedicado a la búsqueda directa de materia oscura. Según Northwestern, la interacción detectada no puede explicarse con las señales de fondo conocidas de materia ordinaria.

La materia oscura constituye alrededor del 85% de toda la materia del universo, pero nadie ha logrado detectarla directamente. Se le llama así porque no interactúa con la luz como lo hace la materia común; su existencia se infiere por su efecto gravitacional, sin el cual los cúmulos de materia visible en el cosmos no podrían mantenerse cohesionados.

El hallazgo no equivale a un descubrimiento. Los científicos calculan que existe solo un 0.5% de probabilidad de que la señal provenga de una fuente conocida, cifra que Northwestern subraya como el dato central del anuncio.

El detector opera casi un kilómetro y medio bajo tierra, en el Sanford Underground Research Facility, en Lead, Dakota del Sur, dentro de un tanque de agua ubicado en una antigua mina de oro. Ese aislamiento busca eliminar interferencias externas. El experimento utiliza xenón líquido: cuando una partícula interactúa con los átomos de xenón, transfiere energía y produce dos destellos de luz detectables, que los investigadores usan para reconstruir la naturaleza de la interacción.

Los científicos buscan específicamente WIMPs —partículas masivas de interacción débil, un tipo hipotético de materia oscura—, pero la energía depositada en este evento fue mayor a la esperada de un WIMP convencional. De haber sido un WIMP el causante, según Northwestern, habría tenido que tener una masa 200 veces superior a la de un protón.

«Si una partícula de materia oscura golpeara un átomo de xenón en nuestro detector, esperaríamos que la partícula le diera al átomo un pequeño “empujón”», explicó Eric Dahl, de Northwestern, en un comunicado. «No es mucho, pero es suficiente para ver el retroceso del átomo de xenón. Para las interacciones más simples que buscamos, esperaríamos que ese retroceso llevara aproximadamente la energía de un solo fotón de rayos X. Pero en este evento en particular vemos mucha más energía que eso. Eso significa que, si esto es materia oscura, la materia oscura podría ser más interesante de lo que imaginábamos».

Los investigadores no descartan que el evento se deba a fuentes de fondo, como la desintegración radiactiva de materiales del propio detector o del xenón. Dahl señaló que buena parte del trabajo de su equipo consiste en rastrear radón, un gas radiactivo natural cuya cadena de desintegración puede imitar una señal de materia oscura.

El propio Dahl reconoció que el experimento LUX-ZEPLIN todavía tiene un largo camino por recorrer antes de poder confirmar cualquier hallazgo.

Conviene mirar los incentivos detrás de este tipo de anuncios. La física de partículas de frontera exige décadas de inversión sostenida —universidades, laboratorios nacionales, consorcios internacionales— sin garantía de resultado inmediato, algo cada vez más difícil de justificar en ciclos presupuestarios cortos y bajo presión política de resultados rápidos. El caso de LUX-ZEPLIN ilustra el valor de la investigación básica financiada a largo plazo: ninguna empresa privada, por sí sola, asumiría el riesgo de un tanque de xenón a un kilómetro y medio bajo tierra sin certeza de retorno.

El dato importa más que el ruido: un 0.5% de probabilidad de error no es un descubrimiento, y los propios científicos lo remarcan con cautela. Esa disciplina estadística, more que el titular llamativo, es lo que distingue a la ciencia seria de la especulación. La historia sugiere cautela ante anuncios prematuros, pero también reconoce que este tipo de hallazgos incrementales —difíciles de vender en términos electorales o mediáticos— son los que, con el tiempo, terminan reordenando el conocimiento humano sobre el universo.

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