Ziba Murat pidió a Donald Trump que aproveche la cumbre con Xi Jinping para interceder por su madre, Gulshan Abbas, una médica que, según Murat, lleva ocho años encarcelada en China.
Murat dijo a Fox News Digital que está intentando que el caso llegue al presidente estadounidense. «Estamos haciendo todo lo posible para llevar esto ante el presidente Trump, y sé que si conoce este caso, se interesará por él», afirmó.
«Espero que estemos moviendo las palancas correctas y que el presidente Trump pueda traerla a casa», añadió.
Según Murat, Abbas desapareció de su casa el 10 de septiembre de 2018, cuando tenía 56 años. Murat dijo que, en diciembre de ese año, funcionarios del gobierno chino confirmaron en una conferencia de prensa que Abbas había sido condenada por participar en terrorismo organizado, ayudar a actividades terroristas y perturbar gravemente el orden social. Murat describió esos cargos como «inventados» y sostuvo que fue sentenciada a 20 años de prisión.
Murat dijo también que su madre es una «doctora jubilada», que no era «una persona política» ni una activista. En sus palabras, era «solo una abuela», y el caso tardó casi dos años en quedar claro para la familia.
La nota señala que Rushan Abbas, hermana de Gulshan Abbas, dirige Campaign for Uyghurs, una organización de defensa de la minoría musulmana en China. También afirma que el caso ha ganado visibilidad política en Estados Unidos, donde el presidente de la Cámara, Mike Johnson, ha usado su cargo para defenderla.
El contexto inmediato es una reunión bilateral entre Trump y Xi que llega cargada de asuntos pendientes. La fuente menciona tensiones entre Estados Unidos y China por el comercio y el robo de propiedad intelectual, entre otros temas, y presenta la posibilidad de que la cumbre reduzca parte de esa fricción.
Conviene mirar los incentivos. Cuando una gran potencia negocia con otra, los casos humanos suelen quedar atrapados entre intereses estratégicos más amplios. Aquí, la libertad de una persona concreta depende de si la presión política logra abrir espacio dentro de una relación bilateral marcada por el cálculo y la desconfianza.
También importa el mensaje institucional. Si Washington usa su peso para defender a una ciudadana estadounidense y a su familia, afirma una idea básica: que el poder del Estado no debe ser indiferente ante detenciones que la familia considera arbitrarias. En tiempos de competencia entre potencias, la defensa de derechos individuales no es un adorno; es parte del orden internacional que todavía pretende tener reglas.

