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Oriente Medio y África

Un indio desaparecido en el GFS Galaxy: el ataque en Ormuz que desencadenó la tercera ronda de bombardeos de EE.UU. contra Irán

El Comando Central estadounidense atribuyó el ataque al buque chipriota a Teherán y respondió de inmediato. Nueva Delhi rescató a diez de sus once ciudadanos a bordo y exige libre navegación.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricadomingo 12 de julio de 2026

El Gobierno de la India confirmó este domingo la desaparición de uno de sus ciudadanos y el rescate de otros diez tras el ataque al buque comercial GFS Galaxy frente a las costas de Omán. De los once nacionales indios que viajaban a bordo, diez fueron recuperados con vida; el undécimo permanece desaparecido y la Embajada india en Omán coordina las operaciones de búsqueda con las autoridades locales.

El navío, de bandera chipriota, fue el detonante de un nuevo ciclo de represalias en la región. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) atribuyó el ataque a Teherán y lanzó de inmediato la tercera ronda de bombardeos de esta semana contra Irán. La respuesta iraní no tardó: las fuerzas de la Guardia Revolucionaria (IRGC) atacaron bases en Baréin, Kuwait, Jordania, Catar y Omán, ampliando el radio del conflicto a varios países del Golfo.

La armada del IRGC sostuvo, por su parte, que sus fuerzas atacaron y detuvieron al buque en el estrecho de Ormuz por navegar por una «ruta no autorizada». Ni EE.UU. ni India aceptaron esa justificación. Nueva Delhi, sin señalar directamente a ningún responsable, emitió un comunicado en el que condenó el ataque y reclamó el restablecimiento «cuanto antes» de la navegación y el comercio libres a través de las vías marítimas internacionales de la región.

«Los continuos incidentes de ataques contra la navegación comercial en la región son profundamente preocupantes», señaló el Ejecutivo indio, que reiteró su llamamiento a una «desescalada inmediata» y a la conclusión de las negociaciones en curso para alcanzar una solución diplomática.

El estrecho de Ormuz concentra una fracción decisiva del tráfico mundial de hidrocarburos. Cada escalada en esa vía acuática se transmite con rapidez a los mercados de energía y a las cadenas logísticas globales. El dato importa más que el ruido: no es la primera vez esta semana que EE.UU. responde militarmente, y la dinámica de acción-represalia no muestra señales de agotamiento.

Conviene mirar los incentivos. Washington ha optado por una postura de respuesta inmediata y proporcional —o superior— ante cada provocación iraní, una señal de disuasión que Marco Rubio y la administración Trump han articulado como doctrina en la región. Teherán, en cambio, dispersa sus represalias en varios países del Golfo, buscando elevar el costo político para los aliados de EE.UU. sin concentrar el fuego en un solo punto que justifique una respuesta aún más contundente.

En ese tablero, la posición de India es reveladora: Nueva Delhi condena el ataque, exige libre comercio marítimo y pide negociación, pero evita nombrar al agresor. Es la postura de una potencia que depende del Golfo para su energía y su diáspora laboral, y que no puede permitirse quedar atrapada en un bloque. La historia sugiere cautela: los conflictos en Ormuz no se resuelven con comunicados; se resuelven —o se enquistan— según los incentivos que cada parte calcule en privado.

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