James Fischback, excandidato republicano a la gobernación de Florida, fue retirado por la fuerza el martes de una sesión de la Junta de Comisionados del Condado de Miami-Dade tras protestar contra la ampliación de las inversiones del condado en bonos respaldados por Israel.
«¿Sirve usted a la gente de Hialeah o a la de Haifa? ¿A la de Aventura o a la de Tel Aviv? ¿A la de South Miami o a la de Jerusalén? Este dinero debería invertirse aquí, en esta comunidad. Debería invertirse en el condado de Miami-Dade», dijo Fischback antes de que agentes lo escoltaran fuera del recinto.
El episodio se produce después de que el condado votara este verano para elevar el techo de inversión en bonos vinculados a Israel del 3% al 5% de su portafolio, un cambio que le permite destinar entre 400 y 450 millones de dólares a ese instrumento. La decisión ha generado oposición entre figuras como Fischback, críticas del uso de fondos públicos para invertir en Israel mientras la guerra en Gaza sigue alimentando divisiones políticas en Estados Unidos.
Fischback fue uno de los once candidatos republicanos que buscaron suceder al gobernador saliente Ron DeSantis. Obtuvo 10,4% de los votos en la primaria del 18 de agosto, pero atrajo atención nacional por una serie de intervenciones incendiarias frente a las cámaras más que por su desempeño electoral.
En uno de esos episodios llamó repetidamente «esclavo» al representante Byron Donalds, entonces favorito de la contienda y eventual nominado, uno de los pocos republicanos negros en el Congreso. «Byron Donalds es un esclavo. Lo siento, es un esclavo. Es esclavo de sus donantes. Es esclavo de los intereses corporativos, de los tecnológicos que quieren convertir nuestro estado, en sus propias palabras, en una capital financiera», dijo Fischback. Más tarde le gritó una frase similar directamente a Donalds, al alcanzarlo con un megáfono junto a un grupo de seguidores: «Eres una contratación DEI. Eres un esclavo. Vuelve a Nueva York».
Fischback se ha ganado, según reporta la fuente, una reputación de figura confrontativa y controvertida por sus opiniones sobre raza, lo que ha convertido cada aparición pública en un episodio mediático más allá de su peso electoral real.
El trasfondo del incidente en Miami-Dade importa más que la escena de la expulsión. La pregunta de fondo —si un fondo público debe usarse como instrumento de posicionamiento geopolítico, sea a favor o en contra de un país determinado— rara vez se resuelve con criterios fiduciarios claros. Cuando una junta de comisionados eleva de 3% a 5% la exposición de la cartera pública a bonos de un país extranjero, el debate legítimo no debería ser sobre la lealtad de a quién sirve el dinero, sino sobre el retorno, el riesgo y la transparencia con que se administra el ahorro de los contribuyentes.
El otro dato que sobrevive al ruido es la fractura interna que expone el caso: un candidato marginal, con apoyo de un dígito, encontró en la confrontación pública —contra un rival negro del propio partido y contra la política exterior bipartidista hacia Israel— una vía de visibilidad que su desempeño en las urnas no le dio. Conviene mirar los incentivos: en un ciclo electoral saturado, la provocación compensa más que el programa.



