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Washington intensifica la presión militar y económica sobre Teherán mientras Trump pide un levantamiento popular

Nuevos ataques de EE.UU. golpean instalaciones militares iraníes en medio de un bloqueo naval sobre el estrecho de Ormuz y una ofensiva de sanciones que, según el Tesoro, busca «cortar cada vínculo» del régimen con el exterior.
Imagen generada con IA
Estados Unidosmiércoles 2 de septiembre de 2026

Un video difundido por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) muestra una nueva oleada de misiles cayendo sobre Irán, en el marco de una guerra que ya lleva seis meses. El presidente Donald Trump celebró el poder militar estadounidense y, en redes sociales, instó a los iraníes a «levantarse» contra su gobierno.

Según medios estatales iraníes, los últimos ataques dejaron 18 muertos, entre ellos invitados a una boda. Teherán sostiene que cuatro personas murieron cuando esquirlas de un misil estadounidense alcanzaron una vivienda en el sur del país. CENTCOM respondió a través de su vocero, el capitán de la Marina Tim Hawkins, quien dijo a The Post: «Somos conscientes de los reportes, que se originaron en medios estatales iraníes. El ejército de EE.UU. nunca ataca a civiles, a diferencia del CGRI».

CENTCOM afirmó que todos los blancos fueron militares: sitios de defensa aérea, sistemas de radar, activos marítimos, capacidades de minado y centros de comunicaciones. El comando explicó que la operación respondió a intentos iraníes de atacar buques comerciales y fuerzas estadounidenses en Medio Oriente. Fue la primera ronda de ataques en un mes.

Las conversaciones para un alto el fuego están estancadas. No ha habido reuniones oficiales recientes entre funcionarios de Irán y Estados Unidos, y Trump no mostró intención de reabrir la negociación. «No me importaría si firman un acuerdo que, para ellos, no vale nada. Prefiero nuestra posición actual, con un control casi total del estrecho de Ormuz y su economía en colapso total. Solo están postergando lo inevitable. ¿Cuándo se va a levantar el pueblo iraní para luchar?», escribió el presidente.

El control del estrecho de Ormuz sigue siendo el mayor obstáculo para la paz. Teherán insiste en que debe supervisar el paso de los buques, mientras que Washington reclama que la vía se trate como aguas internacionales abiertas. La Marina estadounidense mantiene un bloqueo sobre el paso crítico y ayuda a los barcos a tomar una ruta sur, cercana a la costa de Omán.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió la estrategia económica de la Casa Blanca en Fox News: «La forma más rápida de terminar el conflicto es que nadie brinde apoyo a este régimen. Vamos a cortar cada vínculo que [Irán] tiene con el exterior. Esto es un esfuerzo de todos». La Guardia Revolucionaria, por su parte, dijo el miércoles haber lanzado misiles contra una base militar estadounidense en Jordania, y prometió «golpes aplastantes y devastadores» contra Estados Unidos.

Conviene mirar los incentivos. La estrategia de Washington combina fuerza militar puntual con un cerco financiero destinado a asfixiar la capacidad del régimen de sostenerse, sin comprometer tropas terrestres ni abrir un frente prolongado. Es una apuesta calculada: que el desgaste económico, más que el bombardeo, sea lo que finalmente quiebre la voluntad de Teherán.

El riesgo, sin embargo, es doble. Cada ronda de ataques —aun dirigida a blancos militares— alimenta el relato de víctimas civiles que el régimen iraní explota para cohesionar apoyo interno, incluso cuando las cifras provienen de una fuente con evidente interés en exagerarlas. Y el llamado de Trump a que «el pueblo se levante» presupone una fragilidad del régimen que, hasta ahora, no se ha traducido en un colapso político visible. El dato importa más que el ruido: mientras no haya negociaciones formales ni señales de fractura interna en Teherán, la guerra de desgaste sobre Ormuz seguirá siendo el verdadero termómetro de quién cede primero.

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