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Ucrania sin interceptores: Kiev indefensa ante el misil balístico ruso

Las reservas Patriot de Ucrania se agotaron; Washington, tras gastar más de la mitad de sus propios inventarios en el conflicto con Irán, dispone de margen mínimo para reabastecer a Kiev.
Imagen ilustrativa
Internacionalviernes 7 de agosto de 2026

El miércoles, 28 misiles balísticos rusos cruzaron el cielo de Kiev sin ser interceptados. El saldo: al menos 17 muertos. Ucrania no disparó un solo interceptor Patriot porque no le quedaba ninguno. El presidente Volodimir Zelensky confirmó el ataque en redes sociales y advirtió que las reservas de misiles de defensa aérea se han reducido a la tercera parte este año en comparación con el año pasado, mientras Rusia ha intensificado el uso de misiles balísticos.

El ataque nocturno contra la capital no fue un episodio aislado. El sábado previo, nueve personas murieron en Kiev en circunstancias similares. «Solo se interceptó un misil balístico simplemente porque no hay interceptores para los sistemas Patriot», escribió Zelensky entonces. La campaña rusa, según Serhii Beskrestnov, asesor presidencial ucraniano en tecnología de defensa, apunta a un ritmo de hasta 100 misiles balísticos mensuales dirigidos contra centros logísticos, instalaciones industriales y depósitos de alimentos. «La guerra de desgaste ha entrado en su siguiente fase», señaló en Telegram.

El problema no es exclusivo de Ucrania. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estimó la semana pasada que Estados Unidos ha utilizado más de la mitad de sus inventarios de interceptores Patriot PAC-3 MSE y THAAD en sus operaciones militares contra Irán. Las existencias estadounidenses de interceptores Patriot PAC-3 MSE habrían caído de más de 2.300 antes del conflicto a aproximadamente 800, mientras que los inventarios THAAD se redujeron casi a la mitad. Mark Cancian, asesor sénior del CSIS y coautor del informe, fue directo: «Ucrania no podrá esperar muchos interceptores —o ningún interceptor— de Estados Unidos durante bastante tiempo. Nos quedan entre 800 y 900. Los planificadores de guerra no quieren bajar de esa cifra».

La comparación de cifras es elocuente: según medios estadounidenses citados por The Times, Ucrania ha recibido 600 misiles Patriot a lo largo de toda la guerra, frente a los 800 utilizados para repeler ataques iraníes solo en los primeros días de ese conflicto. Ucrania es, además, uno de aproximadamente 20 países que esperan interceptores cuya fabricación puede tardar más de dos años y cuesta alrededor de 4 millones de dólares por misil.

El cuadro se complica con la dimensión norcoreana. Según la inteligencia militar ucraniana, citada por Reuters, una unidad de misiles norcoreana ha comenzado a desplegarse en el oeste de Rusia y podría estar equipada con 120 misiles balísticos y seis lanzadores. Moscú y Pyongyang no hicieron comentarios. La semana pasada, las tropas rusas dispararon los dos primeros misiles norcoreanos desde agosto pasado, según informó Kiev. La escasez global de Patriot se agrava, además, porque la guerra en Irán llevó a Estados Unidos y a sus aliados del Golfo a depender de esos mismos sistemas.

Cancian sugirió que Ucrania tal vez deba buscar misiles S-300 de diseño soviético en países que aún operan ese sistema e intensificar los esfuerzos para destruir lanzadores rusos antes de que puedan disparar: una solución de segunda línea que ilustra la estrechez del margen disponible.

Conviene mirar los incentivos. La escasez de interceptores no es un accidente logístico: es el resultado de dos conflictos simultáneos que drenan el mismo inventario finito. Washington apostó a que la disuasión en el Golfo y el apoyo a Kiev podían sostenerse en paralelo; el balance de almacenes sugiere que esa apuesta tiene un costo concreto, medido hoy en vidas civiles en Kiev. El dato importa más que el ruido diplomático: mientras la producción de un misil Patriot tarda más de dos años, Rusia puede lanzar cien misiles balísticos al mes. La asimetría de ritmos es, por ahora, el factor decisivo del conflicto.

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