El presidente ucraniano Volodímir Zelensky confirmó este miércoles que las fuerzas de su país atacaron objetivos en territorio ruso y en aguas adyacentes. «Con toda justicia, estamos llevando la guerra de regreso a casa, a Rusia», afirmó el mandatario en su cuenta de X.
Según Zelensky, los ataques alcanzaron centros logísticos en las regiones rusas de Krasnodar y Stávropol. Esas instalaciones, según el presidente, estaban «involucradas en el suministro del ejército ruso con componentes para drones, equipos de navegación y otros pertrechos», además de un depósito de petróleo.
En el frente marítimo, Zelensky aseguró que «un petrolero y cuatro buques de carga de la flota sombra de Rusia también fueron alcanzados» en aguas del Mar Negro y el Mar de Azov. Cinco embarcaciones en una sola jornada representan un golpe significativo a la cadena de abastecimiento energético y logístico que Moscú sostiene pese a las sanciones occidentales.
Parte de los objetivos terrestres corresponden a instalaciones del gigante ruso de comercio electrónico Wildberries, equivalente local de Amazon. Ucrania había iniciado ataques contra esos centros el pasado 18 de julio. Zelensky los presentó en su momento como respuesta directa a la destrucción sistemática por parte de Rusia de infraestructuras de Nova Poshta, la empresa de correos ucraniana. Los ataques de este miércoles fueron confirmados por la propia Wildberries.
El jefe de las fuerzas de drones ucranianas, Robert Brovdi, se refirió públicamente a la operación con un juego de palabras sobre el nombre de la empresa —que en inglés significa «bayas silvestres»—, subrayando el carácter deliberado y simbólico de la selección de objetivos. El canal de Telegram Exilenova+ difundió videos con testimonios de vecinos de las localidades afectadas en Krasnodar y Stávropol.
En cuanto a la dimensión diplomática, Zelensky reiteró su postura: «Se necesita la paz, y Ucrania le ha presentado al lado ruso todas las propuestas posibles. Hay que obligarlos a recurrir a la diplomacia».
Conviene mirar los incentivos. La estrategia ucraniana de golpear la retaguardia logística rusa responde a una lógica militar precisa: erosionar la cadena de suministro de drones y equipos de navegación antes de que lleguen al frente, en lugar de neutralizarlos una vez desplegados. Atacar infraestructura civil de doble uso —como los centros de Wildberries— eleva el costo político y económico para Moscú dentro de su propio territorio, algo que el Kremlin ha intentado mantener invisible para su población.
El dato importa más que el ruido. Que Ucrania opere con capacidad de alcance sostenida sobre dos regiones rusas simultáneamente, y que además logre impactar cinco embarcaciones en una sola noche, señala una madurez operativa en el uso de drones que transforma la geometría del conflicto. La flota sombra —el mecanismo que Rusia utiliza para eludir sanciones energéticas— resulta ahora también vulnerable. El orden internacional que algunos creían capaz de contener a Moscú mediante presión económica encuentra en estas operaciones un complemento cinético que Occidente no puede ignorar.

