El Estado Mayor ucraniano informó este jueves que sus fuerzas alcanzaron 12 petroleros adicionales en el mar de Azov, pertenecientes a la denominada flota fantasma que Rusia emplea para sortear las sanciones internacionales impuestas tras la invasión de 2022.
Los buques atacados cumplen una doble función, según el propio Estado Mayor: exportar petróleo ruso al margen de los controles occidentales y abastecer de combustible y lubricantes a las tropas rusas desplegadas en los territorios ucranianos ocupados. Las autoridades militares ucranianas señalaron que aún están evaluando el alcance de los daños causados a las embarcaciones.
El parte de este jueves llega un día después de que las fuerzas de drones del Ejército ucraniano comunicaran que, desde el domingo pasado, sus aparatos no tripulados habían alcanzado 19 petroleros, un carguero y un ferri rusos en el mismo mar de Azov. Sumados los dos reportes, el total de buques impactados en menos de una semana supera los 30.
La misma jornada registró ataques a una terminal petrolera en la región rusa de Rostov y a un depósito de munición del Ejército ruso en la región ucraniana de Lugansk, actualmente bajo ocupación rusa, según el Estado Mayor ucraniano.
El mar de Azov, cuyo acceso Rusia controla en gran medida desde la anexión de Crimea en 2014 y la posterior ocupación del sur de Ucrania, se ha convertido en un corredor logístico crítico para el esfuerzo bélico ruso. La flota fantasma —buques de bandera opaca, aseguradoras no occidentales y rutas diseñadas para evadir el techo de precio fijado por el G7— representa uno de los principales mecanismos con que Moscú financia la guerra: el petróleo exportado por esa vía nutre directamente el presupuesto militar del Kremlin.
Conviene mirar los incentivos. Cada petrolero inmovilizado o dañado es un nodo menos en la cadena que convierte barriles de crudo en proyectiles y salarios para soldados. La ofensiva ucraniana sobre el Azov no es solo táctica; es una presión sobre el flujo de caja que sostiene la maquinaria bélica rusa en un momento en que las negociaciones de alto el fuego siguen sin producir resultados verificables.
El dato importa más que el ruido. Las sanciones occidentales han demostrado ser permeables sin un componente de interdición física; la acción militar ucraniana sobre la flota fantasma cierra, al menos parcialmente, la brecha que la diplomacia y los mecanismos regulatorios no han logrado sellar. La pregunta que queda abierta es si la capacidad de drones ucranianos puede sostener este ritmo de operaciones y si Occidente está dispuesto a respaldar esa línea de acción con los medios necesarios.

