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Ucrania en tensión: protestas en 16 ciudades exigen el regreso de Fedorov al Ministerio de Defensa

La destitución del reformista Mykhailo Fedorov desató una crisis política que Zelensky intenta contener con cambios en el alto mando, pero los manifestantes no ceden.
Imagen ilustrativa
Internacionallunes 27 de julio de 2026

La destitución del ministro de Defensa ucraniano Mykhailo Fedorov, de 35 años, el pasado 15 de julio ha desencadenado una ola de protestas que, según el Financial Times, se ha extendido a al menos 16 ciudades. Los manifestantes —veteranos, personal militar y ciudadanía en general— exigen su reincorporación al cargo y amenazan con una «protesta indefinida» si sus demandas no son atendidas.

El organizador de las movilizaciones, el veterano Dmytro Koziatynskyi, lo formuló sin ambigüedades en X: «Bueno, chicos, prepárense para el viernes: todavía tenemos que traer de vuelta a Fedorov». La presión popular llevó al presidente Volodymyr Zelensky a destituir al comandante en jefe del Ejército, Oleksandr Syrskyi, y a nombrarlo en su lugar por el comandante de las Fuerzas Conjuntas, Mykhailo Drapatyi. Pero la maniobra no apaciguó a los manifestantes.

Fedorov, quien había asumido el cargo el 14 de enero pasado, supervisó reformas que abarcaron desde la guerra con drones y la modernización militar hasta la interrupción del acceso de las fuerzas rusas a los sistemas Starlink y la coordinación de ataques contra la logística rusa. Según el Kyiv Independent, la disputa que precedió a su despido giró en torno a una tensión de fondo con Syrskyi: ambos sostenían enfoques radicalmente distintos. Syrskyi era partidario de una estructura de mando centralizada, arraigada en la doctrina militar soviética, y recibió críticas por su microgestión. Fedorov representaba un modelo reformista centrado en la innovación, la descentralización y la modernización tecnológica.

Zelensky no ha ofrecido una explicación detallada sobre el cese, refiriéndose únicamente al conflicto entre ambos funcionarios. El 21 de julio declaró que le había ofrecido a Fedorov «un puesto destacado en el gobierno» centrado en el fortalecimiento del sector tecnológico. Fedorov rechazó la oferta: «Solo hay tres cargos en el país que, junto con las tropas en el campo de batalla, realmente determinan el curso de la guerra: el Presidente de Ucrania, el Ministro de Defensa y el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas», argumentó, y añadió que ningún otro puesto le otorga autoridad real para combatir la corrupción en las adquisiciones ni completar la transformación del Ejército.

Drapatyi, el nuevo comandante en jefe, goza de gran prestigio dentro del Ejército ucraniano. El medio ucraniano Babel lo describió como uno de los comandantes de campo de batalla más capaces del país y señaló que su nuevo trabajo consistiría fundamentalmente en reformar una gran institución. Se le considera un aliado de Fedorov, lo que el propio exministro celebró: «Esto aporta un soplo de aire fresco y una nueva esperanza a la lucha de los pueblos libres por la libertad y la justicia», declaró. Zelensky, por su parte, confirmó que los ataques con drones de largo alcance contra objetivos en Rusia continuarán.

Conviene mirar los incentivos. La crisis ucraniana no es un simple ajuste de gabinete: es el choque entre dos visiones de cómo se gana una guerra moderna. Una apuesta por la innovación tecnológica, la descentralización y la cultura de rendición de cuentas; la otra, por la cadena de mando vertical heredada de la era soviética. Que decenas de miles de ciudadanos salgan a la calle en plena guerra a defender a un ministro de Defensa —no a un líder político— dice algo sobre dónde deposita su confianza la sociedad ucraniana. El dato importa más que el ruido: Zelensky cedió en el mando militar, pero la pregunta sobre quién conduce la reforma del aparato de defensa sigue sin respuesta. El margen para más concesiones se estrecha a medida que el conflicto, en palabras de los propios manifestantes, entra en una fase crítica más de cuatro años después de su inicio.

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