El desdoblamiento electoral en Tucumán convirtió a la provincia en un laboratorio de campaña temprana. Desde que Osvaldo Jaldo anunció que las elecciones provinciales se celebrarán el 9 de mayo próximo, florecieron especulaciones, lanzamientos de candidaturas, denuncias judiciales y sospechas cruzadas.
La provincia es, hasta ahora, la única en la que el desdoblamiento respecto del calendario nacional ya tiene fecha. El decreto firmado por Jaldo y publicado el 27 de julio fue, en los hechos, la bandera de largada. A partir de ahí, se desató una fuerte interna en el Partido Justicialista y se potenció la disputa de liderazgo en el universo opositor.
Cuatro aspirantes asoman en un cuarto oscuro que, si nada cambia, revelaría a Jaldo; al exgobernador y senador nacional del bloque Justicialista, Juan Manzur; a Lisandro Catalán, exministro del Interior de Javier Milei; y a Mariano Campero, diputado nacional de La Libertad Avanza y exdirigente de la UCR. Desde 1999, la provincia está en manos del PJ.
La campaña ya se libra con desconfianzas abiertas. Jaldo dice que a Manzur le falta «coraje» para lanzarse como candidato. Manzur, por su parte, sostiene que Milei tendrá dos postulantes en la provincia: Jaldo y Catalán. El mandatario provincial también advierte que «Catalán no va a pasar de candidato».
Catalán quedó en el centro de las disputas. Cerca de Campero promovieron una denuncia judicial según la cual el exministro tendría domicilio en Tucumán pero viviría en Buenos Aires, con el objetivo de frenar su candidatura. La pelea no se agota ahí: Campero también analiza una jugada judicial para frenar la reelección de Jaldo, dado que ya fue dos veces vicegobernador y una vez gobernador.
LLA Tucumán, en cambio, anunció que por el momento no presentará una acción en la Justicia contra el mandatario. La decisión muestra que, aun dentro del espacio que responde a Milei, los incentivos electorales no siempre van en la misma dirección.
El dato más claro de la coyuntura es la división del peronismo tucumano. Tras el impulso de Manzur a Jaldo y del festejo conjunto por el triunfo de 2023, ambos exsocios se distanciaron y ahora podrían convertirse en adversarios directos en las urnas. En el campamento de Manzur descartan un acuerdo. «Ya no hay chance», dijeron a LA NACION. «Mintió mucho. Tiene la palabra devaluada».
La campaña del senador se enfoca en mostrar que Jaldo está con el Gobierno. «Jaldo es Milei», es el mensaje que busca transmitir su entorno. Manzur ya inició recorridas por la provincia con ese eje. «Anda con ganas», especulan cerca de él. «Estamos en tiempos de construcción. Antes de fin de año, lo tendremos decidido».
Entre los cuatro, Catalán es el dirigente con mayor nivel de desconocimiento en la provincia. Una encuesta reciente de Hugo Haime le atribuyó 17,4% de personas que no lo conocen y 32,1% que no sabe o no contesta. Un informe de agosto de Isasi/Burdman, consultora ligada a Catalán, indicó que 52,2% elige la opción «no sabe» para responder sobre su imagen.
La anomalía tucumana no es solo política. También revela cómo el adelantamiento electoral multiplica incentivos para la confrontación judicial, la fragmentación partidaria y la negociación permanente. Cuando una provincia concentra tanta incertidumbre en tan poco tiempo, el costo lo absorben las instituciones y, al final, el votante.
Conviene mirar los incentivos. Un cronograma desdoblado puede ordenar la estrategia de los dirigentes, pero también puede degradar la competencia en una sucesión de denuncias y vetos cruzados. Si la campaña se define más por expedientes que por propuestas, el resultado será un triunfo pequeño para la política y un daño mayor para la confianza pública.
La historia sugiere cautela. Tucumán lleva décadas gobernada por el PJ y ahora expone una disputa interna que pone a prueba alianzas, lealtades y límites legales. Lo que está en juego no es solo quién gana, sino si la competencia electoral puede seguir siendo un mecanismo de orden o termina reducida a una pulseada de aparato, cálculo y judicialización.


