El presidente Donald Trump recibió el martes al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en el Despacho Oval durante cerca de una hora. La reunión, cerrada a la prensa, tuvo lugar horas antes del funeral del senador Lindsey Graham en la Catedral Nacional de Washington.
Zelensky llegó y abandonó el Ala Oeste por una entrada lateral, sin atender preguntas de los medios. Según una publicación del propio mandatario ucraniano en redes sociales, los dos líderes abordaron las licencias para la producción de interceptores Patriot y «varias otras ideas que podrían ayudar». «También hablamos de diplomacia; es importante que el proceso diplomático sea revitalizado», escribió Zelensky, quien agradeció al gobierno estadounidense su «firme apoyo».
Representaron a Estados Unidos en la mesa el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent y el secretario de Defensa Pete Hegseth. El vicepresidente JD Vance no asistió: viajó al Capitolio para la ceremonia en honor a Graham.
El encuentro se produce semanas después de la cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, donde Trump anunció que Washington otorgaría a Ucrania una licencia para fabricar sistemas de defensa Patriot, satisfaciendo así una demanda que Kyiv mantenía desde hacía tiempo. La reunión del martes, según Zelensky, buscó concretar los detalles de esa cooperación y explorar vías adicionales.
El telón de fondo es el fallecimiento de Graham, cuyo último acto como funcionario público fue visitar Kyiv y cerrar un acuerdo sobre un paquete de sanciones dirigido a países que compren petróleo, gas y otras exportaciones rusas. Trump recordó al senador en una entrevista con «Fox & Friends»: «En lo que respecta a Ucrania, era muy combativo. A Lindsey le gustaba la guerra, para ser honesto».
La relación entre Trump y Zelensky ha recorrido un camino accidentado: arrancó con una confrontación verbal en febrero de 2025, con el vicepresidente Vance presente ante las cámaras, y ha evolucionado hacia una cooperación más fluida. Las fotos que Zelensky difundió tras la reunión —ambos mandatarios sonriendo en el Despacho Oval— subrayan ese giro.
Conviene mirar los incentivos. La cesión de licencias de producción es, en términos estratégicos, un paso más sofisticado que la mera entrega de armamento: transfiere capacidad industrial a Ucrania y reduce la dependencia directa del presupuesto estadounidense para sostener el esfuerzo bélico. Para una administración que ha hecho del «America First» su brújula, el modelo tiene coherencia: apoyo sin cheques en blanco, asociación sin subordinación.
El dato importa más que el ruido. La diplomacia sigue estancada, y Zelensky lo reconoció al pedir que el proceso sea «revitalizado». Rubio, arquitecto visible de la política exterior de Trump, estuvo en la sala; su presencia señala que Washington sigue tomando en serio el expediente ucraniano. Lo que queda pendiente es lo más difícil: traducir licencias y sanciones en una salida negociada que Moscú tenga incentivos para aceptar. Esa ecuación, por ahora, no tiene solución a la vista.

