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Trump y Xi exhiben una tregua corta que aplaza tensiones sobre comercio, Taiwán e inteligencia artificial

La Casa Blanca vendió una «gran reunión», pero el resultado concreto fue una prolongación limitada de la tregua comercial. Conviene mirar los incentivos: estabilidad táctica ahora, rivalidad estructural intacta.
Imagen generada con IA
Internacionalviernes 25 de septiembre de 2026

Donald Trump calificó de «gran reunión» su encuentro con Xi Jinping en la Casa Blanca, tras más de tres horas de conversación en las que se trataron comercio, inteligencia artificial y Taiwán.

La cita estuvo marcada por el protocolo. Hubo recibimiento a pie de pista, despliegue de trompetas y banderas, cena de Estado con más de 130 invitados y una invitación «especial» para recorrer las obras del futuro salón de baile de la Casa Blanca.

Trump volvió a hablar de una «verdadera gran amistad» con Xi, mientras el mandatario chino mantuvo un tono más reservado y subrayó la necesidad de que las dos potencias «coexistan en paz» pese a sus divergencias. También advirtió sobre la «trampa de Tucídides», la teoría que plantea una mayor probabilidad de guerra cuando una potencia en ascenso compite con una potencia establecida.

Ryan Hass, del laboratorio de ideas Brookings, dijo que el mensaje fue mostrar que ambos líderes pueden gestionar las relaciones entre China y Estados Unidos dentro de límites tolerables de competencia. Según Hass, ninguno de los dos dirigentes esperaba gran cosa del otro.

En lo concreto, Xi prometió invitar a 100.000 jóvenes estadounidenses a China para intercambios durante cinco años y prestar dos pandas a un zoológico de Atlanta.

Pasadas las cortesías, Xi planteó dos preocupaciones centrales. Según Xinhua, pidió que Estados Unidos tratara «con prudencia» el tema de Taiwán y se opusiera a la independencia de la isla, que China considera parte integrante de su territorio.

Bates Gill, investigador del National Bureau of Asian Research, dijo que no ve un cambio real por parte de Estados Unidos. A su juicio, Trump puede hacer declaraciones que vayan en contra de la política tradicional estadounidense, pero eso no necesariamente se traduciría en un cambio real.

Xi también expresó su deseo de que Estados Unidos e Irán lleguen a un acuerdo «lo antes posible» mediante la negociación. China, socio clave de Irán, se ha opuesto a la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel, de la que sufre las consecuencias, mientras Washington quisiera que Pekín contribuyera a hacer ceder a Teherán.

La inteligencia artificial fue otro frente. Xi dijo que ambos países tienen la «responsabilidad de (...) garantizar que el desarrollo de la IA esté siempre bajo control humano». Trump, en cambio, afirmó en Truth Social que quiere mantenerla «exactamente donde está», en alusión a los pedidos para su regulación.

Dylan Loh, de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, señaló que existe un amplio consenso sobre los riesgos vinculados con la IA, pero no sobre la manera de gestionarlos. Añadió que hay una profunda desconfianza y una competencia creciente que impiden avances en gobernanza.

En comercio, prolongar la tregua de la guerra comercial que sacudió la economía mundial en 2025 era uno de los objetivos de la cumbre. Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, anunció que el objetivo se había alcanzado, pero solo hasta el 10 de enero. Xinhua informó que Xi celebró el «acuerdo», aunque sin dar más detalles.

Los expertos señalan que esto permite a Trump superar las delicadas elecciones de medio mandato de noviembre. Jared Mondschein, director de investigación del United States Studies Centre de la Universidad de Sídney, afirmó que algunos en la administración estadounidense buscan «estabilizar las relaciones por ahora, mientras se espera a que Estados Unidos reduzca su vulnerabilidad con respecto a Pekín».

Pero Mondschein no cree en un «cambio profundo o duradero en la dinámica estructural de la rivalidad estratégica». Dylan Loh agregó que los chinos habrían esperado una prolongación mayor, aunque también son realistas.

La reunión deja una foto de distensión, pero no una salida clara a la competencia entre las dos mayores potencias. El dato importa más que el ruido: la tregua comercial fue breve, Taiwán sigue siendo un punto de choque y la IA permanece como un terreno de desconfianza.

Para los mercados y para la economía mundial, la noticia es la misma vieja lección: estabilidad táctica no equivale a reconciliación. Para los contribuyentes y las empresas expuestas al comercio y a la tecnología, la incertidumbre sigue ahí, apenas administrada por una diplomacia de límites estrechos.

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