Donald Trump aseguró que tras su reunión con Xi Jinping «sucederán cosas extraordinarias» y describió el encuentro como «muy productivo» para Estados Unidos y China.
En su red Truth Social, el presidente dijo que ambos líderes coincidieron en que la inteligencia artificial, a la que también llamó «superinteligencia», sería un tema clave de discusión. Trump incluso afirmó que a Xi le pareció bien cambiar el nombre de «Inteligencia Artificial» por uno más exacto e importante.
A la cena de honor del jueves en la Casa Blanca asistieron figuras de peso de la industria tecnológica estadounidense, entre ellas Elon Musk, Sam Altman, Jensen Huang, Tim Cook, Sundar Pichai, Jeff Bezos y Michael Dell. Se ausentó Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, uno de los defensores de controlar la IA.
Trump también dijo que había hablado de la guerra contra Irán con Xi en la víspera. «Sí, lo hicimos», respondió cuando le preguntaron si el asunto había estado sobre la mesa.
La inteligencia artificial ha sido un «tema clave» en la agenda entre ambos mandatarios, aunque no ha trascendido ningún acuerdo concreto. El diálogo, sin embargo, confirma que la competencia tecnológica entre las dos superpotencias sigue en el centro de la relación bilateral.
El jueves, Trump sugirió que la intención de ambos países es dejar las cosas como están, lo que implicaría no frenar el desarrollo de la IA. «Un día importante con el presidente Xi de China. La superinteligencia (SI) será un tema clave de discusión, pero quiero dejarlo exactamente donde está. Esa es también la postura de China. ¡Nuestra salvaguarda es el Departamento de Justicia!», dijo.
Los dos países acordaron además extender la tregua comercial que mantienen hasta el próximo 10 de enero. Esa prórroga permite contener parte de la escalada arancelaria y suspender algunas restricciones cruzadas en ámbitos como las tierras raras y los productos de alta tecnología.
Trump descartó ralentizar el ritmo de desarrollo de la IA al considerar que Estados Unidos lleva actualmente «la delantera». Washington lidera ahora los avances, mientras Beijing trata de sobreponerse a las restricciones que limitan su acceso a los chips más avanzados para competir con las empresas estadounidenses.
La visita oficial de tres días de Xi en Estados Unidos termina hoy.
La lectura de fondo es clara: la tregua comercial alivia tensiones, pero no resuelve la pugna de fondo. Ambos gobiernos protegen sus ventajas, y la tecnología sigue siendo el campo donde se mide buena parte del poder futuro.
Conviene mirar los incentivos. Ninguna capital quiere aparecer como la que cede primero en una competencia estratégica que mezcla comercio, chips, propiedad intelectual y capacidad industrial. Por ahora, el acuerdo es contener el choque sin renunciar a la rivalidad.

