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Trump y Netanyahu reconocen «pequeñas diferencias» tras primera reunión desde el inicio de la guerra contra Irán

El octavo encuentro entre ambos líderes desde enero de 2025 evidencia tensiones sobre el búnker nuclear iraní y la venta de F-35 a Turquía, mientras Washington presiona por una salida negociada.
Imagen ilustrativa
Internacionalmartes 28 de julio de 2026

El presidente Donald Trump recibió el lunes al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en la Casa Blanca, en su primera reunión presencial desde el inicio de la guerra contra Irán, hace cinco meses. Fue el octavo encuentro entre ambos desde que Trump regresó al poder en enero de 2025.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, calificó el diálogo de «positivo» y «productivo» en un mensaje en X. La reunión comenzó a las 11:03 hora de Washington y duró aproximadamente una hora y media. Estuvieron presentes el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth y el enviado especial Steve Witkoff.

El encuentro se produjo horas antes de que ambos líderes asistieran a los funerales en Washington del senador republicano Lindsey Graham, definido como ferviente simpatizante de la causa israelí.

El búnker y la discrepancia pública

Uno de los puntos centrales fue la instalación nuclear subterránea iraní en la Montaña del Pico, donde, según diversas informaciones de medios, Teherán habría trasladado centrifugadoras avanzadas y parte de sus reservas de uranio altamente enriquecido. Netanyahu había hecho públicos esos movimientos antes de la reunión.

Trump señaló a Fox News, horas antes del encuentro, que hubiera preferido que Netanyahu no divulgara esa información. «No necesito que Bibi me diga eso. Bibi me lo dice porque quiere que siga involucrado», afirmó el presidente estadounidense. «Sé exactamente lo que ocurre en la Montaña del Pico. No es un gran problema», agregó.

El propio Trump reconoció mantener «pequeñas diferencias» con Netanyahu, aunque subrayó que ambos comparten posiciones comunes sobre la guerra. También respondió que «nadie» puede dictarle qué armamento debe vender a otros países, al ser preguntado por la oposición del primer ministro israelí a una posible transferencia de cazas F-35 a Turquía.

Contexto electoral y diplomático

Netanyahu llega a Washington en medio de una campaña por la reelección, con elecciones israelíes previstas para el 27 de octubre, y con el propósito de mostrar que su relación con la Casa Blanca se mantiene sólida. Trump, por su parte, ha evitado pronunciarse sobre si apoya al primer ministro en esos comicios.

El último encuentro presencial entre ambos había tenido lugar el 11 de febrero en el Despacho Oval, donde Netanyahu logró convencer a Trump de lanzar la ofensiva militar contra Irán. Desde entonces, Trump ha ordenado detener los bombardeos para negociar un acuerdo, aunque ha amenazado con reanudarlos si las conversaciones fracasan.

La tensión no es nueva: según la fuente, Trump llamó a Netanyahu «jodidamente loco» durante una conversación telefónica en junio pasado, en medio de los ataques israelíes en el Líbano.

Lectura de Continente

Conviene mirar los incentivos. Trump necesita un acuerdo que le permita presentar el fin del conflicto como un éxito diplomático antes de que el coste político en casa se vuelva insostenible; Netanyahu necesita la foto en el Despacho Oval para consolidar su posición electoral. Ambas necesidades son legítimas, pero no siempre apuntan en la misma dirección.

El dato importa más que el ruido. Las «pequeñas diferencias» que Trump admite en público —sobre el búnker, sobre los F-35 a Turquía, sobre el ritmo de la presión militar— son, en realidad, divergencias estratégicas de primer orden. La historia sugiere cautela ante acuerdos negociados bajo presión electoral: los calendarios domésticos rara vez coinciden con los tiempos que exige la diplomacia de seguridad.

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