Donald Trump deslizó este jueves que Irán estaría implicado en el incidente de la víspera en un vuelo de Flydubai que cubría la ruta Dubái-Tel Aviv y que tuvo que desviarse a Arabia Saudita.
El episodio comenzó después de que el copiloto atacara a su compañero, entre denuncias de que intentó estrellar el avión, algo que no ha sido confirmado oficialmente. El sospechoso es de nacionalidad omaní y se encuentra detenido en Arabia Saudita.
Consultado por la prensa sobre un eventual vínculo con Irán, Trump respondió que «estamos investigándolo». Añadió que, según lo que ha oído, la respuesta es sí. También dijo que el piloto «podría haber sido» infiltrado a través de la Guardia Revolucionaria iraní.
Benjamin Netanyahu fue más lejos en su lectura del hecho. Aseguró que el copiloto «fue sometido a un adoctrinamiento islamista radical» y que «está claro que era un suicida», aunque luego reconoció que «no hay conclusiones finales» sobre lo sucedido.
Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos ordenaron investigar posibles «lazos con cualquier actividad o propósito terrorista» y si el incidente fue «planeado». Paralelamente, hubo declaraciones de testigos que apuntan a que el copiloto atacó al piloto para intentar hacerse con el control del aparato con el supuesto objetivo de estrellarlo.
Las alertas saltaron a primera hora del miércoles, después de que se emitiera una señal de alarma desde la cabina del aparato sobre el espacio aéreo jordano. La alerta estuvo acompañada de una pérdida de altura y una repentina aceleración. Israel envió aviones hacia la zona ante los temores de un secuestro, debido a que no fueron capaces de contactar con el avión, que finalmente logró aterrizar.
Lo central, por ahora, no es la retórica de los dirigentes, sino el estado de la prueba. El dato importa más que el ruido. Un hecho aéreo con sospechas graves exige investigación sólida, no conclusiones prematuras.
También conviene observar el coste institucional de convertir una emergencia en pieza de confrontación geopolítica antes de tiempo. Si las autoridades terminan confirmando un vínculo terrorista, el peso recaerá sobre los mecanismos de seguridad y sobre la capacidad de prevenir riesgos reales. Si no, quedará la evidencia de lo fácil que resulta cargar un incidente complejo sobre el tablero político internacional.

