El presidente Donald Trump publicó en Truth Social que el acuerdo de energía nuclear civil negociado entre el Departamento de Energía de Estados Unidos y Arabia Saudita «será aprobado, pero está totalmente condicionado a que Arabia Saudita se adhiera a los muy respetados y exitosos Acuerdos de Abraham». La declaración llegó un día después de que ambas naciones firmaran el documento, conocido como «Acuerdo 123», que aún debe ser ratificado por el Congreso estadounidense.
Trump fue explícito en los límites del pacto: «no incluirá el enriquecimiento de material» y se limita «exclusivamente a usos no militares, similares a los que ya tienen Irán, los Emiratos Árabes Unidos y otros países». Washington, precisó, «no se opone a las instalaciones nucleares civiles (sin enriquecimiento)».
La Administración Trump describió el acuerdo en un comunicado como orientado a «fines pacíficos» y comprometido con la «no proliferación nuclear». Además, el pacto otorgaría a las empresas estadounidenses acceso preferente al sector de energía nuclear en Arabia Saudita, un mercado que las fuentes señalan como afectado por ataques de Irán en respuesta a la reciente ofensiva estadounidense contra ese país.
El contexto regional pesa sobre cada cláusula. Arabia Saudita e Irán son rivales históricos en Oriente Medio, y Washington lleva meses intentando limitar las capacidades nucleares de Teherán, que niega buscar armas atómicas. Insertar a Riad en los Acuerdos de Abraham añadiría presión diplomática sobre Irán desde un frente inesperado.
La normalización entre Arabia Saudita e Israel representaría, según las fuentes, «un cambio de primer orden en la geopolítica de Oriente Medio». Sin embargo, Riad sostiene que solo dará ese paso cuando exista «un camino creíble para el establecimiento de un Estado palestino», condición que complica los plazos.
En mayo, Trump ya había planteado que un acuerdo de paz con Teherán debía incluir la adhesión de Arabia Saudita y Qatar a los Acuerdos de Abraham, argumentando que esos países le «deben» ese gesto. El presidente demócrata Joe Biden también buscó esa adhesión saudita, pero las negociaciones se rompieron tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la ofensiva israelí sobre Gaza. Los Acuerdos de Abraham, impulsados durante el primer mandato de Trump entre 2017 y 2021, permitieron el establecimiento de relaciones diplomáticas de Israel con Emiratos Árabes, Baréin, Sudán y Marruecos.
Conviene mirar los incentivos. Para Washington, el «Acuerdo 123» es simultáneamente un instrumento comercial —acceso preferente para empresas estadounidenses— y una palanca geopolítica: atar la tecnología nuclear civil a la arquitectura diplomática que Trump construyó en su primer mandato. El dato importa más que el ruido: la condición de no enriquecimiento diferencia este pacto del programa iraní y reduce el riesgo de proliferación, lo que otorga al acuerdo una lógica de no proliferación que sus críticos deberán rebatir con argumentos técnicos, no retóricos. La pregunta que Riad debe responder es si el acceso al átomo civil vale el costo político de normalizar con Israel antes de que exista un Estado palestino. Hasta que esa ecuación se resuelva, el acuerdo permanece en suspenso.

