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Oriente Medio y África

Trump vincula el acuerdo nuclear civil con Arabia Saudí a los Acuerdos de Abraham

Washington condiciona la cooperación atómica con Riad al reconocimiento de Israel, mientras Netanyahu celebra la apertura y la fuente recuerda los límites de la ofensiva contra Irán.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricajueves 23 de julio de 2026

El presidente Donald Trump anunció este jueves que el acuerdo de cooperación nuclear civil negociado entre el Departamento de Energía de Estados Unidos y Arabia Saudí «está totalmente condicionado a que Arabia Saudí se adhiera a los muy respetados y exitosos Acuerdos de Abraham». La declaración, publicada en Truth Social, precisa además que el pacto «no incluirá el enriquecimiento de material» y se limita «exclusivamente a usos no militares, similares a los que ya tienen Irán, los Emiratos Árabes Unidos y otros países».

El acuerdo de cooperación nuclear pacífica entre Washington y Riad fue firmado el miércoles y debe ser ratificado por el Congreso estadounidense. La condición impuesta por Trump convierte ese texto en palanca diplomática: sin normalización con Israel, no hay programa civil.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, respondió con un comunicado en el que calificó la eventual adhesión saudí a los Acuerdos de Abraham como «un avance histórico para la paz en Oriente Medio». Netanyahu añadió que este es «un buen momento para ampliar el círculo de paz» y vinculó la coyuntura a la guerra de 40 días contra Irán librada el pasado mes de marzo, a la que describió como «el aplastamiento del eje terrorista iraní por parte de Israel».

Los Acuerdos de Abraham fueron impulsados durante el primer mandato de Trump y permitieron el establecimiento de relaciones diplomáticas de Israel con Emiratos Árabes, Baréin, Sudán y Marruecos. Arabia Saudí sería, por peso regional y simbólico, la incorporación de mayor calado.

Sin embargo, la fuente consultada introduce un contrapunto relevante sobre la campaña contra Irán: tras la ofensiva, Israel no logró el levantamiento civil que buscaba, no derrocó al régimen de Teherán ni inutilizó su industria nuclear, en una operación interrumpida casi a la fuerza por Estados Unidos y que muchos israelíes consideran un fracaso. Irán, por su parte, niega buscar desarrollar armas nucleares. El contexto regional incluye nuevos ataques estadounidenses contra Teherán desde hace 12 días y los esfuerzos paralelos por limitar las capacidades nucleares iraníes.

La arquitectura del movimiento es, en todo caso, coherente con la lógica transaccional que ha caracterizado la política exterior de Trump: ofrecer acceso a tecnología civil —en este caso, nuclear— a cambio de concesiones geopolíticas concretas y verificables. Arabia Saudí obtendría capacidades energéticas que lleva años reclamando; Israel, un reconocimiento árabe de enorme peso simbólico; y Washington, el titular de haber ampliado los Acuerdos de Abraham en plena tensión con Irán.

Conviene mirar los incentivos. Riad tiene razones propias para aproximarse a Israel —la rivalidad con Irán es estructural— pero también presiones internas y regionales que hacen el paso políticamente costoso. El Congreso estadounidense, por su parte, deberá ratificar el acuerdo nuclear civil, lo que abre un segundo frente de negociación doméstica. El dato importa más que el ruido: la condición impuesta por Trump transforma un pacto técnico de energía en la ficha más valiosa del tablero diplomático de Oriente Medio. Si Riad acepta, la geometría regional cambia de forma duradera; si no, el acuerdo nuclear queda en suspenso y la presión sobre Teherán pierde un flanco.

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