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Trump reitera la amenaza militar contra el monte Pickaxe, sospechoso depósito nuclear iraní

El presidente insiste en que Teherán no tendrá arma atómica y no descarta un nuevo golpe militar; Irán niega actividad nuclear en la zona y habla de «pretexto» para la agresión.
Imagen ilustrativa
Estados Unidosviernes 4 de septiembre de 2026

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a amenazar a Irán con un posible ataque contra el monte Kolang, también conocido como Pickaxe, en medio de crecientes especulaciones sobre la presencia allí de parte de las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido.

«Irán no tendrá un arma nuclear. Hemos impedido que la tenga. Es posible que ataquemos Pickaxe muy pronto», declaró el mandatario desde la Casa Blanca. El uranio enriquecido es un material con doble uso: civil y, si alcanza una pureza igual o superior al 90%, apto para el desarrollo de armamento nuclear.

Trump se refirió nuevamente a la confrontación con Teherán como un «conflicto militar» que califica de «poca cosa» si se compara con los frentes de Venezuela o Vietnam, en una declaración que revela cómo Washington jerarquiza sus tableros de tensión simultáneos.

El Gobierno de Irán negó que existan «actividades nucleares» en el monte Pickaxe. Según Teherán, la acusación es «un pretexto inventado para la agresión, la destrucción y el sabotaje», pese a las sospechas expresadas tanto por Estados Unidos como por Israel.

La montaña está ubicada en el centro de Irán, a apenas un kilómetro de las instalaciones nucleares de Natanz, la mayor planta de enriquecimiento de uranio del país. Natanz fue bombardeada tanto por Estados Unidos como por Israel durante 2025 y 2026, en el episodio más agudo de la escalada bilateral.

Las instalaciones subterráneas de la zona fueron declaradas por Irán al Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) en 2020, cuando Teherán informó que serían destinadas al ensamblaje de centrifugadoras. Esa declaración llegó tras un presunto acto de sabotaje ocurrido en julio de ese año contra un edificio dentro del complejo de Natanz.

El dato importa más que el ruido: Pickaxe no es un objetivo aislado, sino una pieza en la geografía de Natanz, el corazón del programa de enriquecimiento iraní que Washington e Israel han golpeado repetidamente en los últimos dos años. La amenaza de Trump se produce en ese contexto de vigilancia continua, no como un anuncio aislado.

La retórica del presidente estadounidense —comparar la magnitud del conflicto con Irán frente a Venezuela o Vietnam— también ofrece una lectura de prioridades. Trump insiste en presentar la disuasión nuclear contra Teherán como un asunto resuelto («hemos impedido que la tenga»), mientras mantiene abierta la opción militar como instrumento de presión constante.

Desde esta redacción, la firmeza declarada por Washington frente a un régimen que ha sido señalado repetidamente por Estados Unidos e Israel de ocultar actividad nuclear sensible responde a una lógica de disuasión que la administración considera no negociable: ningún actor hostil al orden internacional puede acercarse al umbral nuclear sin consecuencias verificables. La historia sugiere cautela ante los desmentidos de Teherán, que ya en 2020 alegó fines exclusivamente civiles para instalaciones que meses después resultaron centrales en la escalada.

Conviene mirar los incentivos: para Irán, negar cualquier vínculo nuclear en Pickaxe es la única defensa disponible frente a un adversario dispuesto a actuar preventivamente. Para Washington, mantener la amenaza abierta —sin ejecutar aún el ataque— funciona como palanca de negociación y como mensaje a Israel y a otros aliados regionales de que la política de línea dura contra Teherán no ha cedido terreno. El riesgo, como siempre en este tipo de coyunturas, es que la ambigüedad calculada se convierta en escalada real antes de que exista certeza sobre lo que realmente hay bajo esa montaña.

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