Donald Trump envió un mensaje oficial al rey Mohamed VI de Marruecos con motivo del 27.º aniversario de su coronación, en el que declaró que «Estados Unidos reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental» y apoya la propuesta de autonomía marroquí como «única base para una solución justa y duradera». El texto, difundido por el Gabinete Real y reproducido por la agencia MAP, añade que «cualquier otra vía prolonga el statu quo y es inaceptable» y que «esta disputa debe terminar ahora».
La declaración constituye, según la fuente, uno de los gestos de apoyo internacional más explícitos a la posición de Rabat en un conflicto que enfrenta a Marruecos con Argelia y el Frente Polisario desde hace décadas. Trump encuadró el mensaje en el contexto de los 250 años de relaciones diplomáticas entre ambos países, recordando que Marruecos fue uno de los primeros Estados en reconocer la independencia estadounidense en el siglo XVIII.
En materia de seguridad, Trump calificó el liderazgo de Mohamed VI de «pilar de estabilidad» y destacó el papel marroquí en los Acuerdos de Abraham —que normalizaron las relaciones entre Marruecos e Israel con mediación estadounidense— como reflejo de «una valiosa alianza». El presidente también anunció cooperación bilateral para «garantizar la seguridad de la región del Sahel».
Los Acuerdos de Abraham con Marruecos abarcan intercambios económicos, tecnológicos, turísticos y de seguridad. Incluyen memorandos de entendimiento en defensa, transferencia de tecnología, formación de personal, adquisición de equipos militares e intercambio de información estratégica, así como ejercicios conjuntos y visitas de altos mandos.
En el plano económico, Trump afirmó haber «instruido a sus equipos para trabajar en pro del desarrollo económico y social con Marruecos, incluso en el territorio del Sáhara Occidental», con énfasis en sectores como energía, inteligencia artificial, minerales críticos y defensa. La estrategia de seguridad nacional y la hoja de ruta de cooperación en defensa publicadas por Washington este año recogen el objetivo de consolidar a Marruecos como el principal aliado estadounidense en el continente africano en los ámbitos económico, militar y de seguridad.
Conviene mirar los incentivos. La apuesta de Washington por Rabat no es sentimental: Marruecos ofrece estabilidad institucional, acceso al Atlántico y el Mediterráneo, reservas de minerales críticos y una arquitectura de seguridad funcional en un continente donde la influencia rusa y china avanza. Al respaldar la propuesta de autonomía y vincularla a inversión en sectores estratégicos, la administración Trump convierte un litigio territorial de décadas en palanca de política exterior concreta.
El dato importa más que el ruido. Frente a quienes leen este gesto como mera cortesía diplomática, el lenguaje del mensaje —«inaceptable», «debe terminar ahora»— señala una presión activa sobre Argel y el Polisario, no solo un guiño a Rabat. Para los mercados y los inversores que evalúan el norte de África, la señal es clara: Washington apuesta por la estabilidad marroquí como ancla regional, y ese respaldo tiene consecuencias tangibles sobre el riesgo-país y el flujo de capital hacia el reino.

