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Trump reactiva la guerra arancelaria: tasa efectiva sube a 10,7% y los gravámenes se consolidan como herramienta fiscal permanente

Nuevos aranceles a Canadá y Brasil, amenaza a la UE y un ultimátum a los fabricantes de genéricos confirman que la política comercial de Washington no era un episodio transitorio. Según Josh Lipsky del Atlantic Council, el obstáculo para revertirla no son los tribunales sino la dependencia del Tesoro de esos ingresos.
Imagen ilustrativa
Estados Unidosdomingo 26 de julio de 2026

El presidente Donald Trump había guardado silencio en gran medida sobre las guerras comerciales desde que la Suprema Corte de Estados Unidos anuló sus aranceles y comenzó el conflicto con Irán en febrero, lo que llevó a muchos analistas a suponer que la campaña arancelaria se desvanecería antes de las elecciones intermedias de noviembre. Esta semana disipó esa lectura.

Josh Lipsky, vicepresidente y presidente de Economía Internacional del Atlantic Council, fue directo: «Lo que aprendimos esta semana es que eso no es cierto. Donald Trump está comprometido con reconstruir el muro arancelario». En un ensayo publicado en The New York Times, Lipsky argumentó que el principal obstáculo para eliminar los aranceles no serían los desafíos legales sino el temor a perturbar el mercado de bonos, dado que esos ingresos contribuyen a financiar el déficit. «Los mercados financieros de Estados Unidos pasaron de odiar los aranceles a poder vivir con ellos y, finalmente, a necesitarlos», escribió.

Los movimientos concretos de la semana respaldan esa lectura. La Casa Blanca anunció un arancel de 50 por ciento a importaciones canadienses por un valor aproximado de 20 mil millones de dólares, equivalente a cerca de 5 por ciento del total que cruza anualmente la frontera norte. La medida entraría en vigor el 19 de agosto a menos que Canadá atienda las quejas de Washington sobre automóviles, productos lácteos y bebidas alcohólicas. Lo notable es el instrumento elegido: la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 —la misma norma Smoot-Hawley que nunca había sido utilizada para imponer aranceles—. Chris Kennedy, de Bloomberg Economics, advirtió que esta disposición «puede convertirse en la herramienta de referencia de Trump para las disputas internacionales».

Sobre Brasil entraron en vigor aranceles adicionales de 25 por ciento bajo la Sección 301, con exenciones para café, carne de res y ciertos productos de etanol. Bloomberg Economics señaló que Brasil enfrenta ahora el mayor aumento arancelario entre los principales socios comerciales de Estados Unidos en comparación con el cierre de 2024. Brasilia respondió con un paquete de ayuda de 18 mil 500 millones de reales —3 mil 600 millones de dólares— en créditos para exportadores afectados.

El representante comercial Jamieson Greer anunció además aranceles de 10 y 12,5 por ciento a importaciones procedentes de la mayoría de los principales socios comerciales de Estados Unidos. La razón citada fue que las 60 economías objetivo carecen de normas que prohíban el trabajo forzoso en sus cadenas de suministro o no las aplican adecuadamente, según una investigación de la USTR bajo la Sección 301. La medida mantuvo de facto el arancel base en 10 por ciento, dado que un gravamen provisional de ese mismo nivel —impuesto tras la derrota ante la Suprema Corte— expiró el viernes tras 150 días. Bloomberg Economics calculó que la tasa arancelaria efectiva promedio de Estados Unidos aumentó 0,1 puntos porcentuales, hasta 10,7 por ciento.

Trump también fijó un plazo de dos años para que los fabricantes de medicamentos genéricos trasladen su producción a Estados Unidos, bajo amenaza de un arancel de 100 por ciento a partir de agosto de 2028. La medida afectaría una cadena de suministro global que sostiene los precios accesibles de analgésicos, antibióticos, tratamientos contra el colesterol y el cáncer, producidos principalmente en India, Europa y China.

No todo el análisis es favorable. Chad Bown, investigador sénior del Peterson Institute for International Economics y coautor de How to Win a Trade War, consideró que la administración Trump desaprovechó una oportunidad durante esta semana de titulares comerciales. «La administración Trump continúa imponiendo aranceles a socios y aliados y no está abordando el desafío más importante: China», dijo Bown a BBC News. Dos demandas de pequeñas empresas ante el Tribunal de Comercio Internacional acusan a la administración de utilizar ilegalmente la Sección 301 para reemplazar los aranceles anulados por la Suprema Corte.

Conviene mirar los incentivos. Si Lipsky tiene razón —y los números del déficit sugieren que la tiene—, los aranceles han dejado de ser táctica negociadora para convertirse en fuente de ingresos estructural. Eso cambia el cálculo para cualquier socio comercial: negociar exenciones ya no es solo una cuestión de política bilateral, sino de competir por espacio fiscal en el presupuesto de Washington. Para economías que apostaron por el libre comercio como motor de crecimiento, el escenario es más complejo de lo que los comunicados de las cumbres suelen admitir.

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