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Trump, Putin y Xi negocian una cumbre tripartita en la APEC de Shenzhen

El anuncio, hecho solo por el Kremlin, plantea un encuentro de las tres mayores potencias en noviembre, sin que Washington ni Pekín lo hayan confirmado por su cuenta.
Foto: eluniversal.com.mx
Internacionalmartes 1 de septiembre de 2026

El Kremlin abrió la puerta este martes a una cumbre tripartita entre Vladímir Putin, Donald Trump y Xi Jinping, que podría celebrarse en noviembre en el marco de la reunión de líderes del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC).

«Ese tema se abordó», declaró el asesor de la Presidencia rusa, Yuri Ushakov, a la televisión pública, según recoge EFE. El funcionario precisó que Putin discutió el asunto con Xi durante un encuentro en Kirguistán, en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái.

Según el relato de Ushakov, Xi —anfitrión de la futura cita— mencionó que Trump «con toda probabilidad» asistiría a la reunión de la APEC y que Putin también había recibido invitación. «Si las cosas salen según lo previsto, podría organizarse una reunión a tres bandas» o, como mínimo, «se celebrarían reuniones con cada uno de ellos», señaló el asesor.

La cumbre de la APEC se celebrará los días 18 y 19 de noviembre en la ciudad china de Shenzhen. Hasta el momento, la versión disponible proviene exclusivamente de Moscú; ni la Casa Blanca ni Pekín han emitido una confirmación propia sobre el formato tripartito.

El dato importa más que el ruido: lo que existe hoy es una intención comunicada por un tercero, no un compromiso verificado por las tres capitales. La diplomacia de cumbres suele avanzar así, con globos sonda lanzados por asesores antes de que los principales confirmen agenda.

Conviene mirar los incentivos de cada actor. Para Putin, sentarse junto a Trump y Xi en un foro multilateral serviría para normalizar su presencia en la escena internacional tras años de aislamiento occidental por la guerra en Ucrania. Para Xi, anfitrión del encuentro, la cumbre reforzaría el peso de Pekín como convocante de las grandes potencias en su propio territorio, un activo simbólico considerable en la disputa por la hegemonía en Asia-Pacífico. Para Trump, una foto con ambos líderes en Shenzhen encajaría con su estilo de diplomacia personalista, que privilegia el encuentro directo entre mandatarios sobre los canales institucionales tradicionales.

La historia sugiere cautela frente a los anuncios prematuros de cumbres tripartitas entre potencias con agendas tan divergentes. Rusia busca alivio de sanciones y reconocimiento de hechos consumados en Ucrania; China persigue estabilidad comercial y contención de fricciones tecnológicas con Washington; Estados Unidos, bajo la actual administración, ha priorizado acuerdos bilaterales rápidos y verificables antes que fotos de consenso multilateral. Esa asimetría de objetivos no impide el encuentro, pero limita lo que de él puede esperarse en términos de resultados concretos.

Si la cumbre ocurre, el valor real no estará en el comunicado final —previsible en su vaguedad diplomática— sino en si Washington logra extraer concesiones verificables de Moscú y Pekín en temas puntuales: sanciones, comercio o seguridad regional. Lo demás será coyuntura fotografiada, útil para la propaganda de cada capital pero de escaso peso en el orden internacional que las tres potencias disputan desde hace años.

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