Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Oriente Medio y África

Trump promete que Irán «pagará» — pero las condiciones para detener los ataques siguen sin definirse

Casi cinco meses después del inicio de la Operación Epic Fury, Washington reabre el Estrecho de Ormuz con nuevos golpes militares mientras las negociaciones no producen un acuerdo permanente.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricaviernes 24 de julio de 2026

Casi cinco meses después de lanzar una campaña militar de gran alcance contra las capacidades nucleares, misilísticas, navales y de grupos proxy de Irán, la administración Trump enfrenta una paradoja estratégica: declaró sus objetivos militares cumplidos en abril, pero Irán conservó capacidad suficiente para cerrar el Estrecho de Ormuz, atacar embarcaciones comerciales y hostigar a fuerzas estadounidenses y aliadas en la región.

El objetivo inmediato que enuncia la Casa Blanca es, en sus propias palabras, «hacer que Irán pague». Lo que Teherán debería hacer para detener los ataques es, en cambio, una incógnita. Un funcionario estadounidense consultado por Fox News Digital respondió que «el presidente está enfocado en hacer que Irán pague por sus violaciones del memorando de entendimiento y sus continuados actos de terrorismo en el Estrecho de Ormuz», y añadió que los golpes también responden a la muerte reciente de soldados estadounidenses.

«Estos devastadores golpes continuarán hasta que el presidente decida lo contrario, pero las conversaciones entre nuestros países siguen adelante», precisó el funcionario. «El presidente Trump tiene todas las cartas y todas las opciones a su disposición, e Irán nunca podrá poseer un arma nuclear.» Las preguntas de seguimiento de Fox News Digital no recibieron respuesta.

La ambigüedad no es menor. La declaración no identifica ninguna condición concreta que Teherán pueda satisfacer para detener los ataques, más allá de que Trump considere suficiente el castigo infligido. Esa indefinición distingue la campaña actual de las doctrinas de disuasión clásica, en las que el adversario conoce el umbral que debe cruzar — o no cruzar — para modificar el comportamiento del otro.

Cuando Trump lanzó la Operación Epic Fury el 28 de febrero, la Casa Blanca enunció cuatro objetivos amplios: impedir que Irán obtenga un arma nuclear, destruir sus misiles balísticos y su capacidad de producción, aniquilar su armada y cortar el apoyo a grupos terroristas proxy. En abril, la administración declaró esos objetivos militares alcanzados. La realidad posterior matizó esa declaración: el Estrecho de Ormuz volvió a convertirse en escenario de tensión activa.

Trump ha amenazado con extender la campaña a sitios nucleares iraníes, puentes, plantas eléctricas y otra infraestructura crítica. El Comando Central de Estados Unidos confirmó que sus últimos ataques apuntaron a nuevos objetivos, aunque el detalle operativo no fue divulgado en su totalidad.

El equilibrio de incentivos es el dato que más conviene mirar. Washington sostiene que posee «todas las cartas», pero una campaña militar sin condiciones de salida públicamente definidas eleva el riesgo de escalada no planificada y complica la diplomacia paralela que, según el mismo funcionario, continúa activa. Los mercados energéticos globales, que dependen del flujo irrestricto por el Estrecho de Ormuz, absorben esa incertidumbre en tiempo real.

Desde la perspectiva editorial de Continente, la firmeza de Trump frente a Teherán responde a una lógica comprensible: décadas de concesiones graduales no produjeron un Irán más moderado, sino un régimen con mayor capacidad de proyección regional. La presión máxima tiene precedentes de eficacia relativa. El problema no es el objetivo — impedir la bomba iraní es un imperativo de orden internacional — sino la ausencia de una arquitectura diplomática visible que convierta la presión militar en un resultado negociado. Sin esa arquitectura, «hacer pagar» a Irán puede ser un fin en sí mismo o el prólogo de una escalada más costosa. La historia sugiere cautela ante las campañas punitivas que no definen su propio criterio de éxito.

Más sobre Oriente Medio y África

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →