Donald Trump tiene previsto reunirse con líderes del Golfo la próxima semana al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York para discutir la guerra con Irán, según Axios. La cita de alto nivel está prevista para el martes y se centrará en los próximos pasos del conflicto, incluida la estrategia de posguerra de la administración Trump.
Están llamados a participar líderes o ministros de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait y Omán. Una fuente dijo a Axios que la reunión podría ampliarse para incluir a otros líderes árabes y musulmanes.
El contexto es de desgaste regional. Los Estados del Golfo, y las bases militares estadounidenses ubicadas en ellos, han sido golpeados por ataques iraníes con misiles y drones durante la guerra. El conflicto también ha alterado la economía árabe, al interrumpir exportaciones de petróleo y gas natural.
La administración Trump no espera tener finalizado su «plan para el día después» para Irán hasta después de las elecciones legislativas de noviembre, informó el medio citado. Trump ha dicho recientemente que la guerra concluirá poco después de esos comicios, mientras JD Vance declaró a The Post que el conflicto, de casi siete meses, entrará en «una fase muy diferente en un par de meses».
Benjamin Netanyahu también busca reunirse con Trump en el marco de la Asamblea General, aunque por ahora no hay una cita programada, según Axios. La Casa Blanca no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios de The Post.
Conviene mirar los incentivos. Si la reunión se concreta, no será solo un gesto diplomático: será una prueba de coordinación entre aliados que ya cargan con parte del costo militar y económico de la guerra. En este tipo de coyuntura, la seguridad de las rutas energéticas y la protección de las bases estadounidenses pesan tanto como la retórica.
También importa el calendario político. La posguerra de Irán, por ahora, queda atada a la política interna de Estados Unidos y al reloj de las elecciones de noviembre. Eso deja a la región en una zona de espera donde el orden internacional depende menos de proclamas que de decisiones concretas sobre disuasión, reconstrucción y límites del conflicto.


