El presidente Donald Trump se negó a descartar una operación militar para tomar la isla de Kharg, enclave estratégico en el Golfo Pérsico que maneja aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo de Irán. La declaración fue formulada durante una entrevista exclusiva con Fox News, cuando el corresponsal jefe Trey Yingst le preguntó directamente sobre sus planes respecto al islote.
«No puedo decirte eso, porque si lo hiciera, sería una tontería», respondió Trump. El mandatario añadió que los ataques estadounidenses previos habían evitado deliberadamente las instalaciones petroleras de la isla porque representan «un trozo de la economía mundial».
La geometría de un asalto posible
El almirante retirado Robert Harward, ex subdirector del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), explicó a Fox News Digital cómo podría desarrollarse la operación. Según Harward, una Unidad Expedicionaria de Marines podría ejecutar un asalto anfibio mientras las fuerzas navales y aéreas estadounidenses establecen control total sobre el espacio de combate, ofreciendo a los defensores iraníes la oportunidad de rendirse antes de que comience el combate intenso.
«El objetivo real, al final del día, es minimizar el riesgo», dijo Harward, «no solo para las propias fuerzas, sino para las personas con las que se entra en contacto». El almirante subrayó que la meta no sería simplemente capturar la isla, sino preservar la infraestructura petrolera que podría ser entregada en el futuro a «un gobierno de Irán enfocado en apoyar a su pueblo, en lugar de proliferar la Revolución Islámica».
Esa lógica coincide con lo expresado por Trump: el presidente indicó que había instruido a las fuerzas estadounidenses durante ataques previos a «golpear todo, menos el petróleo», reconociendo que dañar el terminal de exportación tendría consecuencias significativas para la economía global.
Capturar es más fácil que sostener
Harward advirtió que tomar Kharg podría resultar menos complejo que mantenerla. La inteligencia, dijo, determina el éxito de cualquier operación de este tipo, y sostener el control del islote en un entorno hostil plantea desafíos logísticos y estratégicos de largo aliento. La infraestructura que hoy financia al régimen de los ayatolás sería, en ese escenario, el activo más valioso a proteger.
El contexto importa: las declaraciones de Trump llegan mientras Washington mantiene una campaña de presión económica y militar sobre Teherán, y después de que el propio mandatario declarara un alto al fuego como concluido. La señal es que todas las opciones permanecen sobre la mesa, incluidas las que hasta hace poco se consideraban demasiado disruptivas para el mercado energético global.
La lectura de Continente
Conviene mirar los incentivos. Kharg Island no es solo un objetivo militar; es la caja registradora del régimen iraní. Privarle de ese flujo de divisas equivale a cortar el financiamiento de su red de proxies regionales, desde los hutíes en Yemen hasta Hezbolá en el Líbano. La prudencia de Trump al no dañar las instalaciones petroleras revela una estrategia más sofisticada que la mera presión de fuerza: se trata de preservar un activo que, bajo un gobierno diferente en Teherán, podría reintegrarse al mercado global y beneficiar tanto a los iraníes como a la economía mundial.
El dato importa más que el ruido. Que el 90% del crudo iraní pase por un islote de escasa extensión lo convierte en el punto de máxima palanca. La pregunta no es si Estados Unidos tiene capacidad para tomarlo —los expertos consultados sugieren que sí— sino si Washington está dispuesto a asumir el costo político y económico de administrarlo. La historia sugiere cautela: capturar infraestructura crítica es una cosa; gobernarla sin desestabilizar los mercados energéticos globales es otra muy distinta.

