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Trump, Netanyahu y Zelenski se reúnen en Washington: muchos temas, pocos detalles

El presidente estadounidense calificó ambos encuentros de exitosos, mientras el Senado avanzó con 86 votos a favor en un proyecto de nuevas sanciones contra Rusia. Putin, según Zelenski, sigue siendo el obstáculo.
Imagen ilustrativa
Internacionalmiércoles 29 de julio de 2026

El martes, Washington fue escenario de dos reuniones de alto voltaje: Donald Trump recibió en la Casa Blanca al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y al presidente ucraniano Volodimir Zelenski. Los resultados, al menos en términos públicos, fueron escuetos.

Trump describió el encuentro con Netanyahu como «muy satisfactorio» y señaló que «han sido tratados muchos temas importantes». La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, calificó ambas reuniones —la israelí y la ucraniana— como «positivas y productivas», sin ampliar detalles.

Netanyahu fue más elocuente. Calificó el encuentro de «excelente» y afirmó haber mantenido «una de las mejores conversaciones» con un mandatario estadounidense. El primer ministro israelí describió su relación con Trump como un «muro de granito» y subrayó el «objetivo común» que ambos comparten: impedir que el régimen de Teherán disponga de armas nucleares. «Lo vamos a conseguir, ya sea por la vía diplomática o por otros medios», declaró Netanyahu en una entrevista con Fox.

En cuanto a Ucrania, Trump calificó el encuentro con Zelenski de «gran honor» y volvió a señalar que se trataron «muchos temas» y que la reunión fue «muy bien». El mandatario ucraniano, por su parte, reveló que hablaron de «licencias para la producción de interceptores Patriot y varias otras ideas que podrían ayudar», además de la necesidad de «revitalizar la diplomacia» ante las negociaciones suspensas con Rusia.

Zelenski fue directo sobre el principal obstáculo: «Queremos poner fin a esta guerra. Lo quiere Trump, lo quieren los europeos, pero Putin no quiere». El presidente ucraniano abogó por detener los combates para «negociar un alto el fuego durante un tiempo y dar la oportunidad a los diplomáticos de negociar», aunque insistió en que la respuesta debe ser firme mientras Rusia no ceda.

El mismo día, el Senado estadounidense votó 86 a favor y 12 en contra para permitir que avance el proyecto de ley impulsado especialmente por el recientemente fallecido senador republicano Lindsey Graham. La iniciativa contempla sanciones contra funcionarios rusos, oligarcas, sus familiares y personas que apoyen a Rusia frente a Ucrania, así como contra bancos, entidades financieras y la llamada «flota fantasma» rusa, según The Hill. El resultado no equivale a la aprobación definitiva, sino que habilita la continuación del proceso legislativo.

Conviene mirar los incentivos. La amplia mayoría senatorial —86 votos— indica que el consenso bipartidista sobre presionar a Moscú sigue intacto, independientemente de los vaivenes diplomáticos. Para la administración Trump, ese respaldo legislativo es tanto un activo negociador como una señal de que el margen para concesiones unilaterales a Rusia es más estrecho de lo que a veces se insinúa desde el Kremlin.

El dato importa más que el ruido. Tres capitales —Washington, Jerusalén, Kiev— alinearon mensajes en un mismo día: Irán no puede tener la bomba, Rusia no puede dictar la paz. La retórica puede ser escasa en detalles, pero el calendario de presiones —sanciones en el Congreso, conversaciones sobre armamento, coordinación diplomática— avanza. La historia sugiere cautela ante los comunicados optimistas, pero también ante quienes descuentan que detrás de la vaguedad pública no hay acuerdos operativos en marcha.

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