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Trump: «Los aranceles nos han hecho ricos» y México, Canadá y China «nos perjudicaron durante años»

El presidente estadounidense defendió su política arancelaria en Las Vegas y aseguró que las plantas industriales están regresando a Estados Unidos ante la amenaza de gravámenes masivos.
Imagen ilustrativa
Las Américasjueves 6 de agosto de 2026

Donald Trump aprovechó un evento en el Red Rock Casino Resort and Spa, en Las Vegas, para volver a defender su política arancelaria con la retórica que ha marcado su segundo mandato. «Hemos sido perjudicados por aranceles usados en nuestra contra durante años por China, Japón, Corea del Sur, Alemania, por todos», declaró el presidente ante su audiencia.

México y Canadá recibieron mención explícita. Sobre el país vecino del norte, Trump fue directo: «Canadá es desagradable, lo son; amo a su gente, pero tiene un liderazgo desagradable». Sobre México, el presidente no elaboró un señalamiento distinto al de la lista general de naciones que, según él, se beneficiaron a expensas del mercado estadounidense durante décadas.

El argumento central de Trump descansa en una premisa de incentivos: si las empresas no regresan voluntariamente, «tienen que pagar aranceles masivos en la puerta». Según el mandatario, ese mecanismo ya está produciendo resultados. «Están regresando de Alemania, de Corea del Sur, de Japón, de Canadá y de México, de todas partes», afirmó, en referencia a plantas industriales que, a su juicio, habrían relocalizado operaciones hacia territorio estadounidense.

La frase más citada de la noche fue quizás la más reveladora de su postura filosófica: «Los aranceles nos han hecho ricos». Trump recordó además que «aranceles» es su palabra favorita, consolidando un mensaje que ha repetido desde el inicio de su campaña y que ahora ejecuta desde la Casa Blanca.

El contexto inmediato no es menor. Washington estudia ampliar las reglas del T-MEC para incluir semiconductores y electrónicos, lo que añade presión sobre Ciudad de México y Ottawa en un momento en que la renegociación del tratado se acerca. Las declaraciones de Las Vegas, aunque cargadas del estilo performativo habitual de Trump, llegan en medio de tensiones comerciales reales con consecuencias medibles para las cadenas de suministro de América del Norte.

Conviene mirar los incentivos. La narrativa arancelaria de Trump no es solo retórica electoral: es la arquitectura de una política industrial que redistribuye costos hacia los socios comerciales y, en última instancia, hacia los consumidores y empresas que dependen de insumos importados. Para México, cuya economía está profundamente integrada con la estadounidense, cada declaración desde Washington tiene peso específico en inversión, tipo de cambio y expectativas empresariales.

El dato importa más que el ruido. Lo relevante no es el tono encendido del discurso en Las Vegas, sino la dirección consistente de la política: aranceles como instrumento de negociación permanente, no como medida de emergencia. Esa consistencia es precisamente lo que los mercados y los gobiernos de la región deben incorporar en sus cálculos, con independencia de si comparten o rechazan el diagnóstico del presidente estadounidense.

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