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Oriente Medio y África

Trump llama «República Islámica de Japón» a Irán mientras el Estrecho de Ormuz opera al 50% de su capacidad

El presidente estadounidense confundió a Irán con Japón durante la cumbre de la OTAN en Ankara el 9 de julio de 2026; la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que los bombardeos de Washington retrasan la reapertura total del paso marítimo.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricajueves 9 de julio de 2026

Durante una reunión con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en los márgenes de la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Turquía, el presidente Donald Trump atribuyó el 9 de julio de 2026 a la «República Islámica de Japón» un ataque iraní con misiles contra un buque estadounidense en Medio Oriente.

«Tuvimos 111 misiles disparados por la República Islámica de Japón», dijo Trump, según declaraciones recogidas por la agencia japonesa de noticias Kyodo. El mandatario continuó hablando sobre el incidente sin rectificar el error. En la misma intervención se refirió a Zelenski como «presidente Putin» y pronunció el nombre de la red social TikTok como «TicTac», según los medios recogidos en la cobertura.

La confusión fue ampliamente difundida por los principales medios japoneses al día siguiente, el jueves, y recogida también por publicaciones estadounidenses como la revista Forbes. La portavoz presidencial Karoline Leavitt respondió con un comunicado en el que destacó que Trump tuvo una actuación «maratoniana» en la cumbre, con numerosas ruedas de prensa.

El trasfondo del incidente es de mayor peso geopolítico que el lapsus verbal. La Guardia Revolucionaria iraní afirmó que los ataques estadounidenses de los dos últimos días contra la República Islámica «afectan seriamente» el tráfico en el Estrecho de Ormuz y retrasan su reapertura total. El cuerpo militar señaló que el tráfico en el estrecho se había restaurado ya a un 50 por ciento del nivel previo a la guerra por las rutas designadas por Teherán y con permiso de la Guardia Revolucionaria, pero que las operaciones militares de Washington ponen en riesgo ese avance.

«El aventurerismo del ejército terrorista estadounidense y su injerencia en la determinación de las rutas de paso, además de provocar una respuesta contundente por nuestra parte, también perturbará gravemente el proceso de reapertura gradual», indicó el cuerpo militar en un comunicado. Agregó que los ataques ponen «seriamente en peligro los intereses de los países que se benefician del Estrecho de Ormuz» y que «los extranjeros no tienen ningún interés en esta tierra ni en el Estrecho de Ormuz».

Irán insiste en mantener el control del paso marítimo y exige que los buques naveguen por sus rutas y con su permiso, condición que otros países de la región y Estados Unidos no parecen dispuestos a aceptar.

Conviene mirar los incentivos. Para Washington, la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz no es negociable: cualquier esquema en que Teherán dicte las rutas y emita permisos equivale a ceder soberanía marítima a un régimen que acaba de disparar 111 misiles contra un buque estadounidense. Que el tráfico haya recuperado solo la mitad de su nivel habitual ilustra el costo real que el bloqueo impone a economías que dependen del flujo de energía, desde Asia hasta Europa.

El dato importa más que el ruido. Los errores verbales de Trump —Japón por Irán, Putin por Zelenski— alimentarán el ciclo mediático, pero el hecho sustantivo es otro: Estados Unidos sigue bombardeando a Irán y la Guardia Revolucionaria responde con advertencias sobre el estrecho más sensible del comercio energético global. La Casa Blanca puede gestionar un lapsus; gestionar el Estrecho de Ormuz al 50% de capacidad es un problema de otra magnitud.

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