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Trump: «La inmigración ilegal está matando a Europa» y la energía verde la arruina

El presidente estadounidense vinculó la crisis migratoria europea con las políticas energéticas renovables y advirtió que el continente enfrenta dos amenazas simultáneas que sus propios líderes subestiman.
Imagen ilustrativa
Estados Unidoslunes 3 de agosto de 2026

Donald Trump afirmó este lunes, desde el Despacho Oval, que «la inmigración ilegal está matando a Europa» y que la situación que vivió Estados Unidos bajo la administración demócrata fue «mucho peor» que la llegada masiva de migrantes al enclave español de Ceuta, episodio que sirvió de detonante para sus declaraciones.

El presidente identificó dos factores que, en su diagnóstico, están «acabando con Europa»: la inmigración sin control y la política energética. «Cualquier país que apuesta por los molinos de viento es un perdedor», sostuvo, en referencia directa a la expansión de la energía eólica en el continente.

Sobre la experiencia estadounidense, Trump recordó que bajo el mandato de Joe Biden «permitimos la entrada de 25 millones de personas» y que «países de todo el mundo enviaron a nuestro país a personas que ellos no querían». Frente a ese escenario, destacó que en los últimos 15 meses el país tiene la «mejor frontera» por la que «no ha entrado ni una sola persona», resultado que atribuyó al endurecimiento de las políticas migratorias con deportaciones masivas, restricciones de visados y mayor seguridad en la frontera.

La posición de Trump sobre la inmigración europea es compartida, según la misma fuente, por miembros clave de su gabinete, entre ellos el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. La convergencia entre el ala política y diplomática de la administración refuerza que esta lectura no es retórica ocasional, sino una línea de política exterior articulada.

El mandatario también realizó afirmaciones sobre la conducta criminal de los migrantes que la fuente describe explícitamente como carentes de base factual, y lanzó una advertencia política interna: «Terminaremos igual si ponen en el poder a esos lunáticos que veo postulándose para cargos públicos».

Trump cerró con una expresión de «mucha pena» por la situación europea, en un tono que combinó advertencia y condescendencia hacia los gobiernos del continente.

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Conviene mirar los incentivos. El diagnóstico de Trump sobre Europa no es caprichoso: varios gobiernos del continente enfrentan presión electoral creciente precisamente por los dos ejes que él señala — migración irregular y costos energéticos — y las respuestas institucionales de Bruselas han llegado tarde o con escasa eficacia operativa. Que el presidente de la primera potencia mundial nombre el problema con esta crudeza incomoda a las cancillerías europeas, pero no las exime de responder con políticas concretas.

El dato importa más que el ruido. La comparación entre el modelo de control fronterizo que Trump reivindica y la situación europea no es un ejercicio de propaganda vacía: es un espejo que los líderes del continente tendrán que mirar antes de los próximos ciclos electorales. La soberanía sobre las fronteras y la viabilidad del modelo energético son, en última instancia, decisiones que cada Estado debe tomar sin delegar la responsabilidad en organismos supranacionales que no rinden cuentas ante ningún votante.

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