Donald Trump declaró este lunes desde el Despacho Oval que Estados Unidos debe ser compensado por la «protección» que su Armada presta a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Kuwait en el contexto de sus operaciones militares contra Irán y el bloqueo naval anunciado en el estrecho de Ormuz.
«Sí, quiero una compensación porque estamos protegiendo una zona muy rica del mundo. Estamos gastando dinero», afirmó Trump, quien se ha erigido en «guardián» del paso estratégico. El presidente nombró explícitamente a los cinco países del Golfo antes de agregar que «hay otros» y que, en conjunto, «les irá muy bien».
Ninguno de los cinco gobiernos mencionados ha solicitado formalmente dicha protección en los últimos meses. Según la fuente, todos han preferido distanciarse de la campaña militar de la administración Trump y han apoyado, en mayor o menor grado, iniciativas diplomáticas.
Trump amplió el planteamiento horas después de anunciar una tasa del 20% sobre todas las cargas que transiten el estrecho de Ormuz, cuyo control efectivo reclama Washington como «guardián». Israel fue sumado también a la lista de estados que, según el presidente, se benefician de la presencia militar estadounidense en la región.
El mandatario añadió un argumento de autosuficiencia energética para respaldar su postura: afirmó que Estados Unidos «no necesita» a sus socios del Golfo en términos de suministro, y sumó a ese cálculo las reservas venezolanas. Según Trump, tras la intervención militar de principios de 2026 —en la que el Ejército estadounidense capturó al presidente Nicolás Maduro, actualmente detenido y enjuiciado en Nueva York— Washington inició un plan para reactivar la industria petrolera venezolana bajo control estadounidense. «Si añadimos Venezuela, que cuenta con enormes cantidades de petróleo que controlamos, tenemos más del 50% del suministro mundial», subrayó.
La declaración combina tres elementos que la administración ha ido articulando por separado: la campaña contra Irán, el control del estrecho de Ormuz y la reconfiguración del sector energético venezolano. Su convergencia en un solo mensaje presidencial señala una doctrina coherente, aunque aún sin mecanismos formales de implementación conocidos.
La lógica del coste y el beneficio aplicada a la seguridad regional merece análisis sin concesiones. Que el contribuyente estadounidense financie la estabilidad de economías exportadoras de hidrocarburos con superávits soberanos de billones de dólares es una asimetría que Trump lleva años señalando, y que pocos en Washington se habían atrevido a monetizar con tanta literalidad. El ángulo de libre mercado es nítido: quien recibe un servicio debe pagarlo; la protección no es caridad geopolítica.
Conviene mirar los incentivos, sin embargo. Una tasa sobre el tráfico de Ormuz afecta a todos los cargamentos que cruzan el estrecho, no solo a los de los países mencionados; el encarecimiento recaería en última instancia sobre consumidores y empresas globales, incluidos aliados en Asia y Europa. El dato importa más que el ruido: la arquitectura de seguridad del Golfo se construyó durante décadas sobre acuerdos implícitos de no facturación. Rediseñarla mediante anuncios desde el Despacho Oval, sin tratados ni marcos jurídicos visibles, introduce una incertidumbre que los mercados energéticos ya descuentan. La historia sugiere cautela cuando la improvisación táctica precede a la arquitectura estratégica.

