Donald Trump dijo este domingo que espera que las conversaciones con Irán se reinicien la próxima semana, aun después de rechazar una propuesta de tregua presentada por Teherán.
El anuncio iraní del viernes planteó una tregua de siete días seguida por la reapertura del canal de navegación del estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el suministro energético mundial. Trump desestimó esa oferta y, al mismo tiempo, dejó abierta la posibilidad de reanudar los bombardeos contra objetivos iraníes.
«Quieren llegar a un acuerdo, pero no es el acuerdo que yo quiero hacer», afirmó el presidente estadounidense a Axios. También dijo que los iraníes habían «sobrevalorado sus cartas».
Axios informó que las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán podrían tener lugar tan pronto como el lunes. Irán, por su parte, dijo no cerrar la puerta a la diplomacia, pero insistió en mantener sus condiciones para la reapertura de Ormuz.
Abás Araqchi, ministro de Relaciones Exteriores iraní, declaró a la televisión estatal que «todo movimiento para reabrir el estrecho de Ormuz depende de que se cumplan» las demandas de Irán y agregó: «No daremos marcha atrás».
Esas demandas ya figuraban en el protocolo de acuerdo firmado en junio, que buscaba poner fin de forma duradera al conflicto y conducir a negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Pero el texto colapsó por diferencias en torno a las condiciones de paso por Ormuz.
El protocolo preveía además el cese inmediato de las hostilidades en todos los frentes, la liberación y el desembolso de activos iraníes congelados tras la Revolución Islámica de 1979 y el levantamiento de las sanciones estadounidenses que golpean a la economía iraní.
Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, calificó en NBC la propuesta iraní como un «intento bastante cínico» de poner sobre la mesa algo que, según él, sabían que era inaceptable. También reprochó a Irán reiterar esas exigencias «cuando ya habíamos concluido un protocolo de acuerdo (…) que fue violado de inmediato por ataques contra la navegación internacional».
En la misma cadena, Araqchi dijo que siempre hay esperanza para la diplomacia, pero que no ve motivos para volver a relacionarse con este gobierno «debido a su comportamiento en los últimos dos años».
Trump, de su lado, no descartó reanudar los bombardeos. «Siempre lo estoy pensando», declaró a Axios. Según el Wall Street Journal, podría recurrir a esa opción después de las elecciones legislativas de mitad de mandato del 3 de noviembre.
El mandatario enfrenta la creciente impopularidad de la guerra en Oriente Medio, que ha disparado el precio de los combustibles. Estados Unidos no ha bombardeado Irán desde el 1 de septiembre, aunque barcos son regularmente blanco de ataques en el estrecho de Ormuz.
La tensión regional se extendió también a Yemen, donde los hutíes lanzaron en septiembre una ofensiva y lograron el control del estrecho de Bab el Mandeb, estratégico para las exportaciones de petróleo porque conecta Europa con Asia a través del canal de Suez.
El grupo acusó el domingo a Arabia Saudita de lanzar dos bombardeos que golpearon un mercado en las afueras de Taiz y dejaron siete muertos y 40 heridos.
Conviene mirar los incentivos: el estrecho de Ormuz y el de Bab el Mandeb siguen siendo palancas de presión capaces de alterar el costo de la energía y de arrastrar al resto de la economía global. Cuando el tránsito marítimo depende de la coerción y no de reglas estables, pierde la libre empresa y gana el aparato militar.
La historia sugiere cautela. Si Washington y Teherán vuelven a negociar, lo harán bajo la sombra de ataques, sanciones y bloqueos. En esas condiciones, cualquier acuerdo duradero exigirá más que anuncios: requerirá cumplimiento verificable, alivio real de las tensiones y una arquitectura que reduzca el poder de quienes usan la energía como arma.
